A Flor de Piel

María del Mar Galant
Universidad Nacional de Quilmes
ISSN: 1852-0308
Publicación online

A flor de piel:
El tatuaje a principios del siglo XXI

Introducción

Tatuaje: m. decoración de la piel con dibujos indelebles, mediante la introducción en la dermis de sustancias colorantes que no pueden ser totalmente eliminadas por la piel. 1

La última evidencia sobre la antigüedad de la práctica de los tatuajes es “la momia de Similaun”, hallada dentro de un glaciar a principios de los ’90. Estudios científicos revelaron que el cuerpo pertenecía a un cazador que vivió en el período Neolítico de la historia. Esta persona, que murió hace más de cinco mil años, tenía tatuadas líneas y puntos en su rodilla izquierda y espalda. Esto indica que la práctica del tatuaje ha acompañado al hombre desde antes que la escritura.
En Argentina, según investigaciones del Diario Clarín 2, por cada persona que se tatuaba en la década de 1990, más de cinco lo hacen hoy. Los estudios de tatuadores, antes territorios reservados para la marginalidad, son hoy sitios populares a los que acuden individuos de todas las clases sociales y edades. La Asociación de Tatuadores y Afines de la República Argentina (ATARA) en los últimos años la demanda de tatuajes ha crecido un 500% y los estudios se han multiplicado considerablemente. Si bien esta Asociación pretende organizar un registro de nacional de tatuadores, pero calculan que sólo el 30% de las personas que actualmente ejercen la profesión se ha acercado a inscribirse. No existen cifras oficiales.
Nos proponemos en las siguientes páginas explorar el fenómeno a fines de aproximarnos a una gama de categorías que puedan servir como básicas al momento de justificar su desarrollo. A es fin, abordaremos nuestra muestra de testimonios desde la tensión entre cultura e identidad. Contamos como muestra con 35 entrevistas realizadas durante el otoño de 2008 a personas que se han tatuado durante la primera década del siglo XXI. Sumamos a ese material testimonios y opiniones recogidas de distintos foros de Internet. Todas las personas citadas viven en la ciudad de Buenos Aires, y sus edades oscilan entre los 14 y los 65 años. Sus nombres se mantendrán en reserva – excepto en caso de autorizar lo contrario - por cuestiones de privacidad.
Es nuestro interés centrar este estudio en el escenario que Omar Rincón describe como una cultura visual. “Todo está para ser visto, hasta los cuerpos. Nos encontramos en una cultura en que la imagen se proyecta como protagonista central de la cotidianeidad.” 3

Conceptos de Partida
La última década encuentra una América Latina descentrada, deshistorizada y desterritorializada. Martín Barbero la describe como incómoda en/con la Modernidad, y caracteriza ese malestar como la conjunción de: el descentramiento de las fuentes de producción de la cultura (de la comunidad a los aparatos especializados); la fragmentación de las comunidades; la sustitución de las formas de vida de la tradición por las generadas por el consumo y la secularización e internacionalización de los mundos simbólicos.4 Para analizar nuestro fenómeno, nos interesa indagar en los últimos dos puntos que menciona el autor.
Partiremos del concepto de cultura que define Gilberto Giménez, quien la entiende como “la organización social del sentido, interiorizado de modo relativamente estable por los sujetos en forma de esquemas o de representaciones compartidas, y objetivado en ‘formas simbólicas’, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados”5. Este autor define a su vez la identidad como el lado subjetivo de la cultura, construida por cada actor social a partir de la apropiación de determinados repertorios culturales. Estos serán diferenciadores hacia fuera, y definidores hacia adentro.6 La identidad es entonces un atributo relacional, ya que requiere ser reconocida por los otros para que exista.
Considerado esto, Giménez señala dos tipos de atributos caracteriológicos: los de pertenencia social (que identifican al individuo en categorías o grupos); y los particularizantes, que lo hacen individualmente único.7
Entendemos a los tatuajes como atributos caracteriológicos del actor social. Particularizantes, en tanto cada tatuaje es único (como también lo es cada cuerpo en particular); y como de pertenencia social, en tanto sirve de símbolo de identificación en ciertos grupos. Se retomará esto último más adelante.
Nos interesa vincular este aspecto con las ideas de Anthony Giddens referentes al cuerpo. Él lo define como “un objeto en el que todos tenemos el privilegio, o la fatalidad, de habitar (…) es un sistema de acción, un modo de práctica, y su especial implicación en las interacciones de la vida cotidiana es parte esencial del mantenimiento coherente de la identidad del yo”8 Distingue luego los aspectos del cuerpo que se relacionan con la identidad: la apariencia, la manera de actuar, la sensualidad, y los regímenes a los que está sujeto el cuerpo.9
La apariencia corporal refiere a todas las características superficiales del cuerpo. Esto no sólo incluye al físico, sino también la forma de vestir y de arreglarse: todo aquello que es visible para el individuo y para el resto de las personas. En muchas situaciones, la apariencia sirve como un índice de la identidad social, es decir, de género, posición de clase y categoría ocupacional. Sin embargo, el modo de verse, de adornarse, de vestirse, puede ser un medio de individualización. “La apariencia se convierte en el elemento fundamental del proyecto reflejo del yo”10 dice el autor. El proyecto reflejo se hace presente una vez desaparecido el formato de las culturas tradicionales, que poseían características que casi no cambiaban con el paso de las generaciones. Este es entonces el nombre que Giddens le da al proceso de exploración y construcción del yo que se realiza para vincular el cambio personal con el cambio social, dado que ya no existen los ritos de paso que en otros tiempos marcaban los cambios de forma explícita.11
Volveremos a Martín Barbero para relevar ciertas consideraciones sobre la concepción del tiempo. El tatuaje es, como se estableció en su definición, indeleble. Existen métodos de remoción, pero ninguno es completamente efectivo, además de ser dolorosos y costosos. Es importante entonces considerar su carácter de irreversible. Martín Barbero describe la actualidad como una época en la que la estrella es el “tiempo presente”12. El desinterés por el pasado, consecuente de la deshistorización y desterritorialización de las sociedades, sumado a la incertidumbre extrema acerca del futuro (dirá Rossana Reguillo “[los jóvenes] saben que la sociedad no reserva lugar para ellos”13), dejan como único espacio de veracidad al “ahora”. Sin embargo, todos nuestros entrevistados dijeron haber pensado en ellos mismos “viejos” con su tatuaje, pero no les preocupa. Dice Y., de 24 años: “Toda mi generación está tatuada, a nadie le va a importar cuando seamos grandes que tengamos tatuajes.”
Este mismo aspecto preocupa al sociólogo Diego Raus: “Hay dos planos de análisis, el de las identidades sociales y el de las personales: por un lado, la gente tiene menos afiliaciones sociales. Antes había instituciones (…) que generaban sensación de pertenencia y todo eso se fue perdiendo en los últimos años. En cuanto al plano personal, antes los individuos construían una identidad alrededor de un mercado de trabajo, (…), campos que generaban horizontes de vida... Todo lo que se fue desarticulando provoca una crisis de identidad. En un sentido, entonces, el tatuaje viene a reforzar esa búsqueda.”14

Breve recorrido geográfico e histórico
Partiendo entonces de la teoría de Giménez, que aconseja no entender nunca la cultura como algo homogéneo, estático o inmodificable, a continuación expondremos distintos repertorios de significados que asume el tatuaje a lo largo del tiempo y en diferentes lugares. Nos interesa observar zonas de estabilidad y otras de cambio.
Se han encontrado en Egipto momias tatuadas. La más conocida es Amunet, una sacerdotisa de la diosa Hathor, que vivió en Tebas alrededor del 2000 a.C. En esta región, el tatuaje se relacionaba con el erotismo, y era practicado casi exclusivamente por mujeres, para demostrar valentía y madurez. Se caracterizaba por diseños gruesos lineales y de color negro y las técnicas principales eran la punción, la sutura y la cicatriz por corte o quemadura.
En Roma y Grecia, se lo utilizaba para marcar a los prisioneros. Roma detuvo la actividad cuando el Emperador Constatino (primer emperador cristiano), decretó en contra, ya que los suponía sinónimos de idolatría y superstición.
Los Maoríes de Nueva Zelanda, al igual que varias poblaciones británicas, los utilizaban para asustar a sus enemigos en batalla. Pero además era para ellos un símbolo de identificación e identidad: el dibujo tatuado se llamaba Moko y cuando debían firmar algún documento, lo reproducían. El proceso de tatuado duraba meses, porque los diseños eran muy elaborados.
En Japón, el tatuaje tuvo un buen comienzo: en el año 500 d.C. adornó el cuerpo del primer emperador. Sin embargo, luego se reservó para quienes habían cometido crímenes graves. Aquellos que estaban tatuados eran aislados hasta de sus familias, sin ninguna participación en la vida comunitaria. Pronto los tatuajes fueron adoptados como marca de la mafia Yakuza, entendiendo cada característica de la práctica como símbolo de sus ideales: era doloroso, para mostrar su valentía; era permanente, como su lealtad; y era ilegal, lo cual los convertía en marginales para siempre. Sus tatuajes, practicados desde finales del siglo XVII, eran muy grandes, muchas veces de cuerpo entero, y mostraban héroes legendarios, motivos religiosos, decoraciones florales, lunas, paisajes, animales, dragones, y fondos de olas, nubes o rayos. Se le conocía como Irezumi. Cada diseño se asociaba con un atributo de la persona que lo poseía, y se hacía a mano, por medio de una estaca de madera a la que se le añadían hasta 12 agujas: mientras se estiraba con una mano la piel, con la otra se daban golpeteos rítmicos en el área a tatuar. Este arte se fue extendiendo en todo Japón, hasta que en 1842 el emperador Matsuhito lo prohibió: se estaba dando la apertura hacia occidente y no quería dar imagen de salvajismo. Al contrario de lo que creía, los mismo extranjeros admiraron la técnica y comenzaron a frecuentar el territorio sólo para tatuarse allí.
Sin embargo, el tatuaje considerado más artístico del mundo fue el que hacían los habitantes originarios de la Polinesia. Los hombres se tatuaban a edades tempranas, como modo de ornamentación. Los diseños, generalmente muy elaborados y geométricos, eran embellecidos y renovados durante toda la vida de la persona, hasta cubrirle el cuerpo entero. En su libro Travels Marco Polo comenta que el respeto hacia una persona se medía por la cantidad de tatuajes que poseía. En Samoa – región también perteneciente a la Polinesia -, tatuarse es una experiencia obligatoria para marcar etapas de la vida (adolescencia, juventud y madurez). Se lo vinculaba con el compromiso del hombre cabeza de familia. Quienes no estaban tatuados eran llamados “estómagos amarillos”: irracionales. No podían cortejar a ninguna mujer. Mostrar el coraje de tatuarse, cumplía una prueba de paciencia y resistencia, capacidades para convertirse en jefe. Representaba nacionalismo, armonía, responsabilidad y conciencia.
En la Baja Edad Media, los hombres pertenecientes a algún gremio de artesanos, solían tatuarse la herramienta que utilizaban para realizar su oficio.
Nativos de América Central, se tatuaban imágenes de dioses o dibujos representativos de batallas ganadas. Los Aztecas también los utilizaban para exorcizar demonios.
El tatuaje en Occidente
La difusión en Occidente de la práctica del tatuaje estuvo en manos de los marineros del Capitán Cook, reconocido explorador. En sus diarios de viaje describieron las prácticas realizadas en la Polinesia y Nueva Zelanda, y lo practicaron entre ellos a bordo. Ya en el puerto, lo esparcieron entre otros marineros y llegaron a asentar locales de tatuajes en las cercanías. La tradición que iniciaron indicaba que el ancla tatuada en el brazo, impedía que el marinero quedase a la deriva en caso de caer al mar.
El primer estudio de tatuajes fue establecido en Nueva York por el alemán Martin Hildebrandt en el año 1870. Veinte años después, su mayor competidor, Samuel O’Reilly, inventó, en una jugada maestra inspirada en una máquina de Thomas Edison, la máquina de tatuar.
En 1900 ya había estudios de tatuadores en las ciudades más importantes del mundo. Pero fue entre 1940 y 1970 que el tatuaje se asentó en las distintas sociedades occidentales, estando relativamente al alcance de todos.
En los tiempos de las guerras mundiales, los tatuajes tenían entre los soldados un sentido patriótico, de pertenencia y compañerismo. Luego, las bandas de “motoqueros” en los Estados Unidos de la posguerra, hicieron de su modo de vida la ecuación: tatuajes más alcohol más viajes en motocicleta, - es relevante al respecto que muchos de sus integrantes eran excombatientes. En la década de los ’50, el rock and roll creó la forma “rebelde” de vivir, que incluía entre los jóvenes al tatuaje como emblema. En los ’60 y ’70, el tatuaje respondía a ideas de inconformismo político. El hippismo también lo adoptó como forma de arte en el cuerpo, y se reprodujeron diseños coloridos y mensajes comprometidos con su filosofía. En los ’80, las drogas se sumaron a las disputas políticas y a los reclamos sociales en los diseños más adquiridos. Y en los ’90 el tatuaje fue creciendo hasta masificarse como accesorio de última moda.

El Tatuaje Hoy en Buenos Aires
Como diría Giménez, y más que nunca en el fenómeno que tratamos, “estamos sumergidos en un mar de significados, imágenes y símbolos”.15
Al respecto de las elecciones y los estilos de vida, Giddens plantea: “Somos responsables del diseño de nuestros propios cuerpos, y en cierto sentido, (…) nos vemos forzados a serlo cuanto más postradicionales sean los ámbitos sociales en los que nos movamos.”16
Como ya mencionamos antes siguiendo a Giménez, la identidad es un proceso subjetivo que consiste en la apropiación, por parte del individuo, de un repertorio de atributos culturales socialmente valorizados. Hemos establecido que consideramos al tatuaje como un atributo de pertenencia social y particularizante al mismo tiempo. Entendemos eso porque la práctica es “socialmente compartida” (por el alto número de personas tatuadas), pero también “individualmente única” (porque cada tatuaje es único e irrepetible).
Muchos de nuestros entrevistados se mostraron reticentes a explicar el significado de su tatuaje. Esto nos sugiere que no siempre el tatuaje pretende ser explícito y universal, y por consiguiente, muchas veces está pensado como un rito privado. En muchas ocasiones, entonces, su significación está cifrada. Sólo los privilegiados accederán a su interpretación. Diría Omar Rincón que el comprender produce el placer encerrado en esta costumbre: “La obra cobra sentido en el momento en que es comprendida, es entonces cuando sobreviene la claridad y lo oculto de la obra se desvela y se muestra como portadora de un significado.”17
Se desarrollarán a continuación ciertas categorías que parecen ser básicas a la hora de responder la incógnita ¿Por qué decidió tatuarse? No se considera que sean absolutas de ningún modo: la mayoría de las experiencias es resultado de la hibridación de dos o más de ellas.

El tatuaje como expresión artística
“Para mí, el arte no se limita a pintar un papel, y el cuerpo puede ser una buena tela”18. “Para mí es una forma de llevar el arte siempre en mi cuerpo”19. La piel es un lienzo. Y para quienes así la consideran, el interés reside en la belleza de las formas, los colores y los diseños que se pueden aplicar.
Muchos de aquellos que se inscriben en esta categoría son los tatuadores. Consideran su trabajo una expresión artística más, y, en sus comienzos, suelen practicar en su propio cuerpo. Algunos poseen incluso su propia firma (un detalle gráfico, por supuesto) que tatúan en cada uno de sus trabajos originales.
Como describe García Canclini en Culturas Híbridas: en una época en la cual el arte ya no se encuentra sólo coleccionada en los museos u otros sitios destinados a ese fin 20, podemos cruzarla en la calle estampada en la piel de una persona.
El tatuaje por su voluptuosidad
El tatuaje es una práctica que se lleva a cabo trabajando sobre el cuerpo de una persona realizando pequeñas heridas. El proceso de un tatuaje promedio consiste en un delineado inicial utilizando de tres a cinco agujas que penetran dos milímetros de la dermis, unas 2.000 veces por minuto. Luego, se realiza un sombreado, en el cual las agujas realizan una penetración menos profunda. Finalmente, la aplicación de color se hace de oscuro a claro. En este proceso, así también en el sombreado, la cantidad de agujas que se utilizan asciende a diez, y la zona sangra, por lo cual hay que detenerse periódicamente a limpiar. El cuidado del tatuaje recién hecho es como el de cualquier herida que está cicatrizando: se aplican cremas, vaselina, no se lo expone al sol, se lo desinfecta y no se lo debe tocar.
A pesar de que la cantidad es mínima, existen personas que adquieren tatuajes por el placer que les causa el proceso. La piel es, después de todo, la zona erógena más extensa del cuerpo, y el dolor es cualidad de ciertos placeres.
Dice la psicoanalista Silvia Reisfeld que el dolor no conforma un factor disuasivo a la hora de tomar la decisión de tatuarse. Según ella, “(…) el dolor en sí mismo ha pasado de ser un componente importante para canalizar la subjetividad en una sociedad que tiende a anestesiar al sufrimiento psíquico.”21
El tatuaje como duelo
Según la psicoanalista ya citada, la práctica del tatuaje se apoya sobre dos ejes: la identidad y el procesamiento de distintos duelos que se atraviesan a lo largo de la vida. La sociedad actual no contiene al individuo en crisis ni ofrece canales simbólicos para inscribir estas problemáticas: la persona entonces “tramita sus propias experiencias a través de un medio más tangible y modificable como es el propio cuerpo”.22
“Hubo una persona para mí, en algún momento, que fue muy importante. Por eso decidí llevar ese recordatorio suyo para siempre conmigo, ahora que ya no está.” Dice M., de 23 años. Pero los duelos a los que refiere esta categoría no se limitan a la idea de muerte de un ser querido. Se extiende al fin de etapas, de ideales, de sueños. A toda aquella situación que implique un sentimiento de algo perdido en la persona. “Mi tatuaje marcó el final de una etapa,” dice ‘Sinkro’, “me hice un escorpión en el tobillo apenas salí de un estado de letargo y bajón que me duró de los 15 a los 18 años.”23
Los tatuajes, en conjunto con otras prácticas de modificación del cuerpo como el piercing, cumplirían un rol de pasaje, de fin y nuevo comienzo, el encuentro de la vida y la muerte en una ceremonia informal que encierra un deseo de perdurabilidad.
El tatuaje como muestra de rebeldía
J. de 21 años, dice: “Yo tengo un tribal de un tigre justo debajo de la nuca y reconozco que es doloroso pero vale la pena. Lo veo como una muestra de rebeldía en un mundo lleno de reglas y obligaciones sin sentido, sobre todo de los padres.”
El tatuaje suele estar asociado a la trasgresión, y muchas veces juega el papel de fuga de un sistema. Dicen Castrillón Simmonds y Velasco Cajiao: “El joven, al descubrir su propia valoración como persona humana, puede presentar, al tratar de afirmar su yo, diferentes formas de conducta entre las cuales la más importante es la rebeldía, que no es sino el afán de integrarse al mundo social de los adultos; por eso, una de las notas características de la adolescencia es indudablemente su tendencia a presentar conductas de oposición, frente a los valores tradicionales, sociales o familiares.”24
Contemplado como una respuesta a un sistema con el que no se está de acuerdo, el tatuaje es un arma que debe usarse en cierto fragmento de espacio – tiempo para que cumpla efectivamente su función. Hace unos años en una entrevista, dijo Mike Ness, músico de la banda Social Distortion: “Tengo un problema con mis tatuajes. La primera vez que me tatué fue para ser diferente y mostrar mi actitud antisocial. Pero en estos días los chicos se tatúan por moda. Ya no hay rebelión en tener un tatuaje. Es por eso que yo ahora me los cubro.”25 En culturas como la actual, ¿ser rebelde es entonces no llevar tatuajes?
El tatuaje de moda
“La verdad, no hay nada mejor que decorarse el cuerpo de la manera que a uno le guste, ya sea un tatuaje o un piercing o lo que se les ocurra” dice S., de 20 años. “Es un dibujito que hace más lindo mi cuerpo” define A., de 16, “una decoración”, agrega.
El tatuaje puede ser un accesorio más de la temporada. Y existen personas que lo adquieren como un adorno, sin ningún tipo de significación necesaria. Es sin duda este tipo de motivación la peor vista dentro de la comunidad - literalmente - ilustrada. Dice Claudio Momenti, tatuador en Lucky Seven: “(…) [el tatuaje] ya es algo masivo. Está muy marketinizado: las chicas se lo hacen porque sus amigas lo tienen. Yo me quiero matar cuando vienen sin saber qué hacerse y sólo porque es una moda… pero es mi laburo.”26
Sin embargo, la socióloga Alcira Argumedo plantea una interpretación social de esta situación: “Que los tatuajes sean una moda entre los jóvenes tiene que ver con la pertenencia. Esta tendencia viene a suplir la carencia de proyectos colectivos que los inserte en la sociedad.”27
Entonces ¿es realmente condenable? Considerado como una moda, el tatuaje es entonces una lógica social en la cual los contenidos no cumplen relevante papel. El diseño será considerado pertinente desde la temporalidad, ya que las modas permanecen por un tiempo limitado, y desde las relaciones persona a persona que establece el tatuado (la noción de buen gusto que su grupo de convivencia maneje). Sin embargo es pertinente resaltar que, quien se realiza un tatuaje por este tipo de motivación, está, en el mismo acto, subvirtiendo los códigos de la moda: al fijarla, la extermina, ya que imposibilita su transitoriedad y su capacidad de ser reemplazada.
El tatuaje “sentimental”
Dice L., tatuada desde los 15 años: “Tengo un sol que representa a una persona importante de mi vida, que es mi sol, es el centro de todo. Yo, si me tatúo, tiene que significar algo. Por ejemplo, mi próximo tatuaje pienso que va a ser cuando tenga un hijo.” N., de 22, tiene un ideograma japonés en su dedo anular: “Es la inicial del nombre de mi novio, él se hizo la mía. Por suerte duramos, porque nos lo hicimos a los dos meses de conocernos.” Llevan tres años juntos. C., de 23 años, tiene el rostro de su madre tatuado en el brazo. “¿Por qué? Porque es lo más grande que hay.”
Para este tipo de tatuajes, el tatuado elige algo del repertorio que le ofrece su propia existencia y opta por simbolizarlo (como el caso del sol) o reproducirlo de forma explícita (como los ejemplos de rostros, nombres).
El tatuaje como expresión del fanatismo
Dice P., de 33 años: “Tengo tatuado un símbolo que es un triángulo, un círculo y un palito en el medio, que parte al triángulo isósceles en dos triángulos rectángulos. Son las reliquias de la muerte, que están relacionadas con el último libro de Harry Potter.” Ante la pregunta de porqué eso, explica: “Hace muchos años que quería tatuarme y no encontraba un símbolo o algo con lo que esté cómoda, algo que me acompañe y tenga un significado para mí, durante toda mi vida. Porque va a quedar ahí, hasta seis meses después de morirme, va a seguir ahí…” En un futuro, planea tatuarse una reina de ajedrez, que es la imagen de la portada del último libro de la saga Crepúsculo. JP, de 23 años, tiene el dibujo de un crucificado que es la imagen de la tapa de un disco de la banda “La Renga”. “Me lo hice porque sigo a la banda y ese disco me pareció el mejor hasta ese entonces.”
Este tipo de tatuajes, como los de escudos de fútbol, nombres de bandas o las marcas de autos toman una posición frente a la oferta de la industria cultural. Tienen su significado más profundo dentro del ambiente de los pares: en el club de fans, en la cancha, en los recitales. Marcan una preferencia, eligen “un bando” dentro de una dicotomía a la que están expuestos. Ana María Fernández, psicóloga social, entiende que los grupos desarrollan una serie de figuras y formas – un imaginario grupal – para dar cuenta “de sus razones de ser como colectivo”.28 Un tatuaje se halla entonces dentro de estas referencias identificatorias que simbolizan la pertenencia a cierto fragmento de la sociedad, con su propias motivaciones, gustos y creencias; diferentes de las del resto de las personas.

Reflexión final
Remember you are unique…
just like everybody else.
29

“La globalización representa un territorio ventajoso, en tanto nos enfrenta a múltiples discursos que interpretan el mundo”30 dice Rossana Reguillo. Michel Maffesoli suma a esta caracterización una descripción un poco más compleja de la actualidad, la cual define como “socialidad”. En ella, la identidad de las personas se definirá por el papel que cumplen en los diferentes grupos que atraviesan, y será, en consecuencia, inestable. En esta situación el individuo es espectador y actor.31 Introduce entonces el autor el tema de las máscaras, definiéndolas como una coraza que protege una vida secreta y privada, y que sirve para integrar a la persona en el conjunto, favoreciendo la conservación del “uno mismo”. Esta máscara, ejemplifica, puede ser un estilo de cabello, una vestimenta particular, o un tatuaje.32 Continúa: “Cuanto más se avanza enmascarado tanto más se conforta el vínculo comunitario. (…) En un proceso circular, para poder reconocerse se necesita el símbolo – es decir, la duplicidad -, el cual engendra reconocimiento.”33 Vuelve a aparecer la doble función de la identidad que planeta Giménez: identifica hacia adentro y diferencia hacia fuera.
Siguiendo esta descripción del Posmodernismo, los tatuajes favorecerían la tensión de heterogeneidades, fortaleciendo al conjunto. A este respecto, se puede sumar la idea de García Canclini, que por su parte habla de la Posmodernidad no como un estilo, sino como “la copresencia tumultuosa de todos.”34
Ya no hay categorías claras para definir socialmente a una persona, como antes podían serlo su empleo o la educación que poseía. Y en términos de tatuajes, como ya se ha planteado, sólo en ciertos casos se puede dilucidar la significación de los diseños. No es restrictivo el origen, la religión, los estudios o la edad de la persona tatuada.
Dice García Canclini: “(…) los descoleccionamientos y las hibridaciones no permiten ya vincular rígidamente las clases sociales con los estratos culturales. (…) La tendencia prevaleciente es que todos los sectores mezclen en sus gustos objetos de procedencias antes separadas. (…) La reorganización de los escenarios culturales y los cruces constantes de las identidades exigen preguntarse de otro modo por los órdenes que sistematizan las relaciones materiales y simbólicas de los grupos.”35
Existen entonces infinitos repertorios culturales, entre los cuales encontramos la práctica de los tatuajes con su infinidad de interpretaciones. El individuo que lo elige, se apropia de una costumbre popular pero le da su significado personal. Pertenece al “grupo de los tatuados” pero con su propio y único tatuaje.
Llegando a los finales de esta investigación, quedan más interrogantes que aquellos que nos incitaron a comenzarla en un primer momento. ¿Por qué los individuos eligen el tatuaje como solución simbólica, teniendo tan variada oferta en los repertorios culturales? O, por ejemplo, todas las personas entrevistadas admitieron estar planeando un nuevo tatuaje. Dice G. de 37 años, “Una vez que te tatuaste, siempre querés tatuarte más. Es como que te pica un bichito.” ¿A qué responde este deseo? Por otro lado, también podríamos profundizar las categorías tomando como punto de análisis los diseños, los colores, los tamaños o las partes del cuerpo estampadas. Los enfoques para aproximarnos a este fenómeno se han multiplicado.
Quizás sería apropiado decir que hay tantas motivaciones y razones como tatuajes.
El tatuaje es un dibujo sobre la piel. Si bien hay diseños similares, no es algo que se puede reproducir fácilmente en el cuerpo de uno como en el de otro, y si agregamos a esto el ritual que encierra la práctica y la simbología que puede implicar, en una sociedad en donde todo, hasta el arte, está industrializado, en donde reina la cultura del fast food y todo es efímero... quizás, como los marineros del capitán Cook, lo que se busca es lograr un anclaje.

María del Mar Galant

NOTAS
1 Diccionario Enciclopédico NOVUS. Tomo 3.
2 Lamazares, Silvia: “Tatuajes: una marca eterna que ya trasciende edades y clases sociales”
3 Rincón, Omar: “Culturas mediáticas”. p.31.
4 Martín Barbero, Jesús: “La comunicación en las transformaciones del campo cultural”. pp. 61-62.
5 Giménez, Gilberto: “La cultura como identidad y la identidad como cultura”. Cap 2.
6 Íbíd. Cap. 1.
7 Íbíd. Cap. 5.
8 Giddens, Anthony: “La trayectoria del yo”. p. 128.
9 Ídem.
10 Íbíd., p. 129.
11 Giddens, Anthony: “Los contornos de la modernidad reciente”. p. 48.
12 Martín Barbero, Jesús: “La comunicación en las transformaciones del campo cultural”. p.65.
13 Reguillo, Rossana entrevistada por Analía Roffo: “En América Latina los jóvenes están viviendo en guetos”.
14 Raus, Diego, citado por Silvina Lamazares: “Tatuajes: una marca eterna que ya trasciende edades y clases sociales”
15 Giménez, Gilberto: “La cultura como identidad y la identidad como cultura”. Cap 2.
16 Giddens, Anthony: “La trayectoria del yo”. p. 131.
17 Rincón, Omar: “Culturas mediáticas”. p.32.
18 “Lissy”, citada por Diego Heller: “Marca Registrada”. p. 27.
19 Carlos, citado por E. Castrillón Simmonds y O. Velasco Cajiao: “El análisis de la percepción del cuerpo por los adolescentes en el mundo actual”.
20 García Canclini, Néstor: “Culturas híbridas, poderes oblicuos”. p. 276.
21 Reisfeld, Silvia entrevistada por Ana L. Perez: “No es sólo una cuestión de piel”
22 Ídem.
23 Citado por Diego Heller: “Marca Registrada”. p. 27.
24 Castrillón Simmonds y Velasco Cajiao: “El análisis de la percepción del cuerpo por los adolescentes en el mundo actual”.
25 Mike Ness, entrevistado para Rockabilly.
26 Citado por Diego Heller: “Marca Registrada”. p. 27.
27 Argumedo, Alcira, citada por Ulises Rodríguez: “Tatuajes: la moda que quedará para toda la vida en la piel”.
28 Fernandez, Ana María: “De lo imaginario social a lo imaginario grupal”. p. 81.
29 “Recuerda que eres único… como todos los demás”
30 Reguillo, Rossana entrevistada por Analía Roffo: “En América Latina los jóvenes están viviendo en guetos”.
31 Maffesoli, Michel: “El tribalismo”. p. 142.
32 Ibíd. p. 167-168.
33 Ibíd. p. 173.
34 García Canclini, Néstor: “Culturas híbridas, poderes oblicuos”. p. 299.
35 Ibíd. p. 281.

Bibliografía

- Castrillón Simmonds, Eulalia y Olga Velasco Cajiao: “El análisis de la percepción del cuerpo por los adolescentes en el mundo actual”. Facultad de Ciencias Naturales Exactas y de la Educación de la Universidad de Cauca, Colombia. 1999. Link: http://www.recreartedigital.ucauca.edu.co/analisis_de_la_percepcion.htm
- Fernandez, Ana María: “De lo imaginario social a lo imaginario grupal”, en Tiempo histórico y campo grupal. Masas, grupos e Instituciones. Nueva Visión, Buenos Aires. 1993.
- Galant, María del Mar: “El tatuaje: motivaciones y efectos de una marca permanente”. Investigación realizada en el marco de la asignatura Culturas Populares en la Universidad Nacional de Quilmes. Diciembre de 2006.
- García Canclini, Nestor: “Culturas híbridas, poderes oblicuos”, en Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo, Mexico. 1990.
- Giddens, Anthony: Modernidad e identidad del yo. Ediciones Península, Barcelona. 1997.
- Giménez, Gilberto: “La cultura como identidad y la identidad como cultura”. En el Tercer Encuentro Internacional de Promotores y Gestores Culturales, Guadalajara, 2005.
- Heller, Diego: “Marca registrada”, en Revista Viva Nº 1421. Diario Clarín, Buenos Aires. 27 de julio de 2003.
- Maffesoli, Michel: “El tribalismo”, en El tiempo de las tribus. El declive del individualismo en la sociedad de masas. Icaria, Barcelona. 1990.
- Martín Barbero, Jesús: “La comunicación en las transformaciones del campo cultural”. En Revista Alteridades (3) 5, 1993.
- NOVUS, Diccionario Enciclopédico. S/D. Tomo 3.
- Reguillo, Rossana entrevistada por Analía Roffo: “En América Latina los jóvenes están viviendo en guetos”. Diario Clarín, Buenos Aires. 8 de octubre de 2000.
- Reisfeld, Silvia entrevistada por Ana L. Perez: “No es sólo una cuestión de piel”, en Revista Viva Nº 1461, sección Pensamiento. Diario Clarín, Buenos Aires. 2 de mayo de 2004.
- Rincón, Omar: “Culturas mediáticas”. En Narrativas mediáticas o cómo se cuenta la sociedad del entretenimiento. Ed. Gedisa, Barcelona, 2006.
- Lamazares, Silvia: “Tatuajes: una marca eterna que ya trasciende edades y clases sociales”. Diario Clarín, Buenos Aires. 30 de marzo de 2003.
- Rodriguez, Ulises: “Tatuajes: la moda que quedará para toda la vida en la piel”. Diario Hoy, La Plata. 24 de enero de 2005.

Recursos Virtuales

Body Modifications Ezine (otoño 2008): http://www.bmezine.com/tattoo/bme-tatt.html
Tatuarte Estudios (diciembre 2006): http://www.tatuartestudios.com
Tatuajes Tribales (diciembre 2006): http://www.tatuajestribales.com
Tonatiuh Cuerpo Adornado (otoño 2008): http://www.cuerpoadornado.com
Rockabilly Central (otoño 2008): http://www.rockabilly.net/

Jornadas en Rosario

¡Bueno!
Todo salió bien en las Jornadas y pude, no sólo exponer lo mío, sino también escuchar otras exposiciones muy interesantes.
Este es un artículo que escribió una compañera mía sobre el evento.
Y a continuación dejo el abstract de mi trabajo, en cuanto tenga el link de la publicación digital, lo voy a dejar también.

A flor de piel: El tatuaje a principios del siglo XXI
La práctica del tatuaje ha acompañado al hombre desde antes que la escritura. En el siglo XV, los artesanos se identificaban tatuándose un dibujo de su herramienta de trabajo; los Maoríes de Nueva Zelanda utilizaban el tatuaje para asustar en batalla, y reproducían el dibujo tatuado como forma de identificación personal. La evidencia más antigua de la práctica de los tatuajes es “la momia de Similaun”, hallada dentro de un glaciar a principios de los ’90. Estudios científicos revelaron que el cuerpo pertenecía a un cazador que vivió en el período Neolítico de la historia - hace más de cinco mil años. Tenía tatuadas líneas y puntos en su rodilla izquierda y espalda.
Si bien cada sociedad adoptó la práctica del tatuaje, su significado varió como un modo de expresión de los reconocimientos de las identificaciones y diferencias en relación a valoraciones sociales. Según cifras de la Asociación de Tatuadores y Afines de la República Argentina, en Buenos Aires la demanda de tatuajes creció un 500% en los últimos cinco años, lo cual indica que por cada persona que decidía marcar su piel en la década de los noventa, cinco lo hacen hoy.La siguiente investigación recoge variantes que se han desarrollado a través del tiempo y a lo largo de la geografía, en una evolución dinámica y heterogénea. Luego, a través del estudio de casos recogidos en el otoño de 2008 en Buenos Aires, se propone demostrar cómo todas estas variantes confluyen en el tatuaje de principios del siglo XXI, dando cuenta de un paradigma de cruces territoriales y culturales que caracteriza nuestro tiempo.

XII Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación

Estoy un poco M.I.A. últimamente... este cuatrimestre resultó tan complicado como prometía.
Acá voy a estar la semana que viene:

XII Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación
“Nuevos escenarios y lenguajes convergentes”
Del 16 al 18 de Octubre
Rosario – Santa Fe – República Argentina
Escuela de Comunicación Social
Facultad de Ciencia Política Y Relaciones Internacionales
Universidad Nacional de Rosario
Voy a presentar una investigación sobre tatuajes que hice a principios de este año: "A flor de piel: el tatuaje a principios del siglo XXI". Así que en cuanto tenga el referato la publico acá.
¡Deséenme suerte!

A través del centeno

Coming Through The Rye
A través del centeno

de Robert Burns


Coming thro' the rye, poor body,
A través del centeno, pobrecita,
Coming thro' the rye,
A través del centeno,
She draiglet a' her petticoatie
Arrastraba sus enaguas.
Coming thro' the rye.
A través del centeno.
O, Jenny's a' wat, poor body;
Oh, Jenny está empapada, pobrecita;
Jenny's seldom dry;
Jenny raramente está seca;
She draiglet a' her petticoatie
Arrastraba sus enaguas
Coming thro' the rye.
A través del centeno.
Gin a body meet a body
Cuando alguien encuentra a alguien
Coming thro' the rye,
A través del centeno,
Gin a body kiss a body
Cuando alguien besa a alguien
Need a body cry?
¿Debe alguien llorar?
Gin a body meet a body
Cuando alguien encuentra a alguien
Coming thro' the glen,
A través de la cañada
Gin a body kiss a body
Cuando alguien besa a alguien
Need the warld ken?
¿Debe el mundo enterarse?


Imagen: Escultura de metal calado de Diana Bryan.
Traducción al español: María del Mar.

"The Crowd" de King Vidor


“The Crowd” retrata la vida de un hombre desde que nace hasta que entiende su lugar en el mundo y cuáles son las cosas importantes de la vida.
John Sims ve la luz por primera vez con grandes augurios de grandeza: un 4 de julio, durante el festejo de la independencia de su patria; y del año 1900, simbolizando el nacimiento de un nuevo siglo. Su padre está seguro de que “el mundo hablará” de su hijo, y eso le repite a medida que va creciendo.
El padre de John muere, pero eso no amedrenta los deseos y la convicción de su hijo de que triunfará. Lo vemos entonces hacerse mayor y conformarse con un empleo nada extraordinario, seguro de que sólo es un lugar de paso, mientras tanto llega su gran oportunidad.
Convencido de la grandeza que le espera, John se siente superior a los demás y se muestra crítico con aquellos que se ven afectados por algún tipo de “uniformidad”. Sin embargo, no se da cuenta de que él está homogeneizado también: en su escritorio, cuando camina por la calle, cuando espera a Mary en la puerta de su trabajo, en los transportes que utiliza e incluso durante la cita. Nunca es único es sus actividades, porque hay miles que viven como él.
Se burla del hombre que trabaja haciendo malabares en la calle, sin saber que es un reflejo de sí mismo: su padre también lo creía capaz de grandes cosas, y el círculo se cierra cuando él pide desesperado ese mismo empleo, al final de la película.
La película es un recorrido desde lo general a lo particular. John se casa y tiene hijos. Vive en una casa humilde, en la que la mayoría de los muebles son plegables y de poca calidad. Tienes altos y bajos con su esposa y no es muy querido por la familia de ella, que lo considera un mediocre. Sus salidas siguen siendo populares, lo vemos en la playa rodeado de muchas otras familias. Su amigo asciende y tiene éxito en su trabajo, pero él sigue en el mismo puesto, aún a la espera de su gran oportunidad, que parece nunca llegar.
Pero un día gana un concurso de slogans y parece que no estaba tan equivocado... pero curiosamente este premio deviene en una tragedia familiar.
En una especie de “paren el mundo que me quiero bajar”, John intenta que todo su barrio se compadezca de su hija y ayude a su recuperación. Pero un Policía lo hace ver la realidad: la ciudad no se va a detener por su hija enferma. La niña muere y John sufre por primera vez el golpe de ser un número.
La multitud aparece de dos formas durante la película. Tenemos los momentos de camuflaje, en los que vemos a John durante sus actividades rutinarias y la multitud sirve para perderlo entre muchos otros que hacen lo mismo. No hay individualizaciones de personas, sino montones de gente que van hacia el mismo lado. Y luego, en las dos escenas trágicas (la muerte de su padre y el accidente de su hija), la multitud es un grupo morboso de personas que se acercan lo más que pueden a la muerte.
Estos papeles de las masas hacen visibles uno de los mensajes claros y explícitos de la película: “La muchedumbre siempre ríe contigo, pero sólo llora un día por ti.”.
Siguiendo el relato, John está devastado y renuncia a su empleo en un arranque de desesperación. De pronto ve con claridad que no es nadie. Que él es otro anónimo en un conjunto de incontables anónimos más. Nunca va a ser un personaje extraordinario, el mundo no se detiene a su paso, el tiempo no lo espera para darle su oportunidad. Pelea con su esposa y se va de su casa. Su hijo lo sigue.
Con los ojos abiertos a las diferencias entre lo que siempre creyó que iba a ser y lo que terminó siendo, John considera suicidarse. Pero su hijo le pone los pies en la tierra cuando le dice que lo quiere.
Habiendo soñado con conquistar el mundo, de pronto John es feliz sabiendo que su hijo, apenas un pequeño niño, lo ama.
John hace paz con su vida. Consigue trabajo como malabarista callejero y con su jornal compra entradas para un espectáculo de circo. Lleva a su esposa e hijo y lo vemos finalmente riendo, cómodo en el anonimato.
¿Es este largometraje un llamado a la humildad? ¿O al conformismo?
La película no es un llamado al conformismo, no creo que Vidor haya querido decir “no te calentés, rendite a Tinelli” (irónicamente, esta ironía fue un lugar común.). Creo que es llamado a abrir los ojos y valorar lo que a nuestro alrededor nos acompaña día a día: nos alegra, nos entristece, nos entretiene o nos molesta. A que veamos las pequeñas cosas y distingamos el árbol del bosque. En los primeros minutos ya establece un punto de vista no inocente: “Cuando John cumplió los veintiuno, se convirtió en uno de los siete millones que creen que el mundo depende de ellos.” El descubrimiento que hace John es que el mundo, de hecho, no depende de él, pero su familia sí.
Todos somos únicos e irrepetibles, pero a menudo coincidimos con lo que la mayoría respondió en una encuesta. Pero ser parte de la mayoría no anula nuestra individualidad. Por otro lado, todos tenemos en mayor o menos medida anhelos de grandeza, pero debemos planear nuestros pasos y no esperar que aparezca el triunfo golpeando nuestra puerta.
La película no plantea a la multitud como un enemigo, sino como una fuerza: “No reconocemos el poder de la multitud ni la oposición que ejerce hasta que dejamos de marchar a su ritmo.”, dice en una de sus placas. Creo que la historia nos dice que pensemos ante quién vale ser alguien al fin y al cabo. En medio de una infinidad de personas sin nombre, podemos brillar a los ojos de quienes nos importan.

La Lengua de Señas Argentina

Entrevista a Denise Trovato, Directora del Instituto Quilmes de Lengua de Señas
Ser sordo en Argentina
No poder escuchar ni hablar en un país en donde se recuerda la discapacidad con fines proselitistas o se recurre a una lengua por su valor estético.

“Son pocos los sordos, no tiene demasiada movida en Argentina. Son minoría, no interesa.” Así define Denise Trovato, Intérprete de Lengua de Señas Argentina (LSA) y Profesora de Sordos de nivel inicial y primario, a la sociedad argentina.
En nuestro país hay más de 3 millones de personas no oyentes, entre sordos, hipoacúsicos y deficientes auditivos; y cada año se agregan 15 mil a esta lista. Sin embargo, la lengua de señas, el medio más eficaz que ellos poseen para expresarse y hacerse entender, no está nacionalizada. “Es importante que se nacionalice la lengua de señas para uniformar y establecer un acuerdo en las señas para cada palabra. Hay palabras que en Buenos Aires se signan de una forma, y en Jujuy o Córdoba de otras maneras. O hay palabras que tienen seña en una región y no en otra. Lo que hoy existen son dialectos y es necesario un acuerdo que posibilite la creación de un diccionario nacional, y un establecimiento de plan de estudios.” El 28 de septiembre pasado, se realizó en todo el país una marcha con este objetivo. La oficialización y nacionalización de la LSA implicaría su aceptación como lengua, la creación de un plan de estudios y una ley que la ampare. Existen tres proyectos de ley al respecto archivados hace años en los cajones del Senado de la Nación.
“Argentina, como sociedad, no le ofrece ningún recurso al sordo. Sin embargo, desde grupos minoritarios, sí, te puedo decir, porque tengo el curso de lengua de señas y hay gente que viene a aprender porque se quiere comunicar. Pero a la sociedad no le interesa.” Excepto, claro, en aquellos momentos en los cuales los políticos se acuerdan de todos: “Sí queda lindo cuando están en campaña: al sordito me lo traigo, o interpreto y gano votos o espacios. O subtitulan las propagandas. Pero durante el resto del mandato, no. No todas las publicidades de la Presidencia de la Nación están subtituladas, ni siquiera los programas de cultura general de canal 7.”
También hay artistas que han interpretado sus espectáculos para el público sordo. Pero, Denise destaca, se hace porque “queda lindo” y no a conciencia. “No se interpretan las metáforas, entonces se pierde el fin de dirigirlo a los sordos. El sordo no comprende. Además, no están interpretados los espectáculos completos, solo segmentos. Se hace para vender al sordo. Queda lindo, se muestra que no discriminás.” Patricia Sosa, por ejemplo, hace años presenta su versión signada de “Aprender a volar”: “Soy muy crítica de Patricia Sosa. No me gusta. La canción que hace no está interpretada: es castellano signado. El sordo puede entender cada palabra suelta, pero cuando la palabra aprender está conectada a la palabra volar, no entiende qué es. Una persona no puede aprender a volar con sus manos porque no tiene alas. En cambio, si uno explica qué significa esa metáfora de aprender a volar, el sordo entiende. Ella no lo hace a conciencia, sino porque visualmente está bueno.”
Nuestro país, junto al resto del mundo, avanza sin embargo a pasos agigantados en materia de tecnología, y eso ha abierto puertas entre sordos y oyentes: “Desde que apareció todo lo que tiene que ver con Internet, el e-mail, los mensajes de texto, creo que están más socializados con el oyente. Antes de que apareciese todo esto la conexión no existía: la comunicación estaba cortada del mundo del oyente. Ahora no: se pasan los e-mails, se mandan mensajes, inclusive con una camarita, un sordo de Jujuy se puede comunicar con uno de Buenos Aires en lengua de señas. Y yo creo que el 90% de los sordos tiene celular, para comunicarse con mensaje de texto.”
Es importante que la LSA no se subestime: es el único medio que los sordos pueden aprovechar a la perfección y en profundidad para entenderse, y desarrollar una vida normal. “Es una cultura.” Afirma Denise Trovato, “No se la toma como tal, pero es una cultura.”

Por María del Mar

Sobre los Diarios (Íntimos) de Escritores

[¿Se notó que me tomé julio? :-P]
Estoy leyendo el libro “Ese Hombre Y Otros Papeles Personales”, de Rodolfo Walsh. Es una compilación de notas privadas, borradores y textos inéditos. No son cosas que Walsh escribió pensando en que serían publicadas, sino que alguien (Daniel Link) las compiló y las editó; post-mortem de su autor.
Asumo que habrá obtenido permiso de sus familiares.
Sin embargo, me pregunto ¿es ética este tipo de publicación?
Este espacio que yo elegí ocupar en la web pretende ser un Diario de Escritora. Pero yo escribo, edito, selecciono y publico según mi criterio. Y elijo no incluir en los textos circunstancias privadas o íntimas. Cuando me topo con libros como éste que menciono, no puedo evitar preguntarme si su autor hubiese aprobado la publicación.
No cuestiono su valor. Introducirme en su mundo íntimo, menos estructurado y más espontáneo, me deja entender un poco más a la persona detrás del escritor. Sin embargo, siento que invado una parte de su vida que él no pretendía exponer.
Llevo un diario íntimo hace años y cuando se me cruza la fantasía de si alguien estaría interesado en leerlo, sé que no lo permitiría. No sin revisar, cortar, editar primero. Y no hablo de censura, sino de saber preservar la línea entre lo privado y lo público, lo íntimo y lo que puede ser expuesto. Es sano guardarse cosas, tener secretos o experiencias de vida que nadie más que uno conoce.
¿Querría Rodolfo Walsh que nos enteremos de sus aventuras con una prostituta menor de edad embarazada? [Me parece pertinente aclarar que el encuentro no se consuma] No lo creo. Y trato de no juzgarlo, porque él habla de esa situación de la misma forma que todos los que llevamos un diario íntimo volcamos al papel problemáticas privadas con la esperanza de que su materialidad en palabras sirva para aclarar nuestros planteos íntimos. No lo escribimos ni alardeando, ni pensando en un lector más allá de nosotros mismos, quizás en otro tiempo.
Es posible que esta nota no sea más que una gran contradicción. Digo, empiezo diciendo que estoy leyendo el libro. Y aún lo hago y pienso terminarlo. Porque ya dije también, es tentador conocer la otra cara de los escritores. Entonces me planteo el lugar del lector de estos textos. ¿Cómo debe comportarse? Todas las personas tienen derecho a una vida privada. En la ocasión de tener acceso a la de los demás, ¿se la juzga? ¿se la valora? ¿se la divulga?
Me parece que a estos textos se los debe abordar desde el respeto que merecen: sabiendo que implican una invasión, y que, por lo tanto, no se nos ha cedido el derecho a opinar.
Y es desde aquí que problematizo estos diarios publicados un poco indiscriminadamente.

… y despedida.

¡Se terminó el Taller!
Hay como una mezcla de alivio, desorientación por el tiempo libre y ya un poquito de nostalgia. Estuvo bueno, ¿no? Creo que todos, unos más unos menos, lo vamos a extrañar.
Es para la materia que más escribí sin dudas. La carpeta final de todas las entregas me quedó con algo así como cien páginas… muchísimo comparado con otras. Pero el hecho de que haya sido todo producción mía, y no algo tan académico o monográfico le da un gustito diferente.
Me pregunto si habría que hacer una reflexión de fin de cursada…
Estaría bueno retomar los puntos que habíamos tocado en la del promedio de la cursada, así que:

Sobre (los cambios en) mi forma de leer
Ya lo dije, pero se pierde la inocencia de una forma un tanto molesta. Pero siempre es así. Los años que estudié música las canciones dejaron de ser lindas/feas, pegadizas/aburridas, y pasé a escucharlas como una suma de acordes, compases, afinaciones… Y no está muy bueno. De pronto, en vez de dejarme llevar por una historia estaba pensando: ¿qué investigó antes de escribir esto? ¿qué recursos está usando? ¿a qué estructura responde? ¿cuál es la historia 1 y cuál la 2? ¿qué texto puede haber servido de influencia? Y mucho otros etcéteras.
Ya se que se me va a pasar. Lo ideal es poder activarlo y desactivarlo a piacere.
Sobre (los cambios en) mi forma de escribir
Confío más en lo que me parece a mí. Antes dudaba mucho antes de escribir ideas propias de forma, digamos, afirmativa. Me aseguraba de poner “yo creo que…” o algo así antes, cosa que se note que es totalmente subjetivo y sujeto a errores. Y sigue siendo subjetivo y estando sujeto a errores, pero al menos ya cuento con la confianza necesaria para defender mis ideas, o cambiarlas en el camino si me doy cuenta. También hice más conscientes las decisiones que tomo en el proceso de escribir. Pienso en aspectos antes que antes dejaba que se definan durante. También me tomé la costumbre de releer lo que escribo (antes nunca lo hacía), y es muy importante para todo lo de coherencia y puntuación.
Yo había dicho que esperaba dar por vencido mi pánico a la hoja en blanco al finalizar la cursada. Y bueno… no. No lo vencí, pero ya no me da tanto miedo. ¿Es algo, no? Se redujo notablemente el tiempo necesario para escribir la primera línea. Y eso se relaciona a otra cosa que yo pensaba erróneamente. Yo me quejaba de cómo siempre dejaba todo hasta último momento. Pero ahora le encontré la explicación a ese comportamiento… al margen de que sí se dispara la creatividad con las cuentas regresivas. La verdad es que sí, me pongo efectivamente a escribir con el tiempo justo para hacerlo, pero no significa que todo el tiempo precedente estuve en la calesita. Durante esa “previa” noté que me encuentro pensando – no constantemente, pero sí seguido – en eso que tengo que escribir. Así que una vez que me corre el reloj, ya tengo todo casi procesado. Sólo hay que escribir y llego bien en tiempo para hacerlo. ¡Así que no más renegar del contra-reloj, hay que abrazarlo como método efectivo!
Sobre la experiencia del blog
Tenía ganas de tener un espacio así y apareció la consigna. Me costó mucho encontrarle el rumbo y decidir qué poner y qué no. Pero salió. Y de pronto aparecieron lectores inesperados, y empecé entonces a pensar más las notas que preparaba para subir. Porque de pronto hay gente que lee y se toma en serio lo que pongo. Es preocupante, jeje.
Con respecto al futuro del blog… por lo pronto, pienso seguirlo - aunque con ciertas modificaciones. Ya no voy a restringir tanto las notas al eje de la escritura, y voy a dejar que fluyan más espontáneamente. ¡Ojo! No va a convertirse en un diario íntimo, pero sí en algo quizás más general con respecto a toda la carrera de Comunicación. No sé todavía, veremos… Lo que es seguro es que va a ser menos frecuente.
¿Qué es escribir bien?
Todavía no sé, pero quizás estoy más orientada (espero). Además de tener una buena idea, es necesario saber captar el interés. Hay que saciar la curiosidad del lector; pero no tanto, para poder provocar una lectura más activa. Hay que respetar las reglas de orografía, gramática, coherencia y cohesión. Es importante ser honesto: con la información y con uno mismo. Si podemos, iluminar aquello que no se ve, lo silenciado. La profesora dijo una frase muy linda que también me parece importante: “es necesario tener claro cuáles son las zonas del mundo que se desea iluminar con nuestra escritura”.

Me gustó mucho la experiencia. Dije que era una escritora en el closet y el taller fue la mejor oportunidad para asumirme (es una metáfora patética, pero ríanse igual).
¡Nada más por aquí!

Pero no es un adiós sino un hasta luego… ¡Chau!

Ensayo

Había una vez… un cuento clásico

¡Antes era tan fácil definir al cuento!
Texto corto de ficción que consta de tres elementos: introducción, nudo y desenlace.
Al menos, eso dice mi libro de Lengua de la primaria. Pero resulta que ya no es estrictamente eso.
El cuento clásico o tradicional seguía, de cierta forma, este estándar. Dicen Alvarado y Yeannoteguy que estaba compuesto generalmente por la partida del héroe, el encuentro con una prueba, la obtención de ayuda mágica, el regreso triunfal, y finalizaba muchas veces en casamiento.(1) La reproducción de este esquema hacía fácil memorizar y repetir las historias. Estos cuentos se esparcían durante el Medioevo y eran de tradición fundamentalmente oral. Las historias, generalmente basadas en anécdotas, se enriquecían de boca en boca y no tenían un autor en particular.(2) Eran una suerte de producción colaborativa, resultado de mejores o peores narradores.
Hasta que, claro, llegaron los hermanos Grimm, los adaptaron a los cánones de la “sociedad culta”, y los publicaron como “cuentos populares”.
En ese entonces, el cuento era muchas veces una metáfora o un reflejo directo de la sociedad, y solía dejar un consejo implícito. Si recordamos los cuentos que nos leían o leíamos de chicos, no va a ser difícil encontrarle una moraleja a cada uno. Siguiendo esta premisa, Walter Benjamin plantea en 1936 que el arte de narrar está llegando a su fin: “En todos los casos, el que narra es un hombre que tiene consejos para el que escucha. (...) El consejo es sabiduría entretejida en los materiales de la vida vivida. El arte narrar se aproxima a su fin, porque el aspecto épico de la verdad es decir, la sabiduría, se está extinguiendo.” (3)
Entonces, ¿en qué se basan los nuevos cuentos, los cuentos modernos?
Hasta el Renacimiento, diría Jaime Rest, la originalidad narrativa del cuentista radicaba en su capacidad y habilidad de reelaborar las anécdotas tradicionales. El cuentista moderno, en cambio, se distingue por presentar sus historias como producto de su imaginación. (4) Ricardo Piglia no deja de conectar al cuento, aún moderno, con la experiencia. Pero no únicamente del escritor / narrador, sino que también incluye la del lector: “Todas las historias del mundo se tejen con la trama de nuestra propia vida. Lejanas, oscuras, son mundos paralelos, vidas posibles, laboratorios donde se experimenta con las pasiones personales.” (5) El cuento de hoy ofrece, entonces, la posibilidad de experimentar con nuestros sentimientos jugando con situaciones fantasiosas, aunque verosímiles.
Pero volvamos a esa división básica de introducción ~ nudo ~ desenlace. Mientras que el cuento clásico se adaptaría sin mayores ajustes a esta estructura; el cuento moderno no tanto. Mientras que la aparición de un desequilibrio y su resolución es el centro del cuento tradicional, los cuentos de hoy muchas veces se limitan a narrar el momento en que se instala la incomodidad del desequilibrio. Tenemos ejemplos clave en los cuentos de Raymond Carver. Pequeñas miserias humanas retratadas en escenas cotidianas, que dejan al personaje hundido en un punto muerto. ¿Cómo saldrán? No lo sabemos. Es difícil asegurar siquiera si lo lograrán. Pero ya nos hemos introducido en el terreno de nuestra propia intuición, y el trabajo de deliberación interna, a fin de comprenderlo, cumple el cometido del cuento. Crea a un lector activo, que en ocasiones hasta debe encargarse de resolver la historia.
Decíamos que el cuento clásico solía reflejar a su sociedad, y no sería erróneo seguir pensando eso aplicado al cuento moderno. En una sociedad fragmentada, deshistorizada y secularizada; estos nuevos cuentos tan despojados de razones, faltos de datos e incluso con dirección errática, no deberían sorprendernos tanto.
¿Qué cuentan entonces los nuevos cuentos? Según Ricardo Piglia, dos historias. La historia 1 es el relato superficial, de acceso inmediato, la 2 debe estar entretejida en la primera, de modo fragmentario. El final de estos relatos basa su efecto de shock en una revelación epifánica, que salta de la página a nuestros ojos. Pero ese dato siempre estuvo ahí: había pistas e indicios. Sólo que, concentrados en lo que se veía más cerca y más fácil, no atinamos a atar los hilos sueltos hasta que la cuerda nos ha ahorcado sola. (6)
Veamos esta característica en dos cuentos de J. D. Salinger. En “Un día perfecto para el pez plátano” (7), el diálogo que abre el problema del cuento expone la preocupación de la mamá de Muriel por las reacciones que pueda tener su yerno, Seymour. A partir de eso, como lectores estamos expectantes a lo que el hombre puede hacer, con la niña con la que juega, por ejemplo, y tememos por los que lo rodean. Sin embargo, como se puede comenzar a vislumbrar cuando Seymour narra la existencia de peces plátano, su problema está en él mismo. Pero eso recién lo vemos claramente cuando jala el gatillo. La historia 1 será entonces la preocupación de la familia de Muriel del daño que puede causar Seymour, los riesgos que corre la gente que lo rodea; mientras que la 2 será la depresión de Seymour que eventualmente lo lleva al suicidio.
En “El hombre que ríe” (8) leemos las aventuras de un niño desde sus propias percepciones. Con él, queremos ver qué sucede en la historia del “Hombre que ríe” y nos intriga la aparición de esta nueva figura, la novia del Jefe. Sin embargo, lo que desata el desenlace abrupto, tanto de la historia del “Hombre que ríe”, como de la inocencia del niño (que cree invencible tanto al héroe ficticio como al Jefe) es el desengaño que se lleva este hombre con su novia. La historia 1 son entonces los recuerdos del autor de sus días en el “Club de los Comanches” y el relato de “El hombre que ríe”; y la 2, el desengaño amoroso de John Gedsudski, el Jefe; y el fin de la inocencia de los niños.
Siguiendo esta idea, y combinándola con lo que dicen Alvarado y Yeannoteguy, nada sobra en un cuento. Cada información y detalle algo significará en la resolución de la historia (y con resolución, no quiero decir solución). Barthes hablaba de funciones cardinales, aquellas que aparecerían en una síntesis del relato; y de catálisis, que demoran la consecución del relato y crean suspenso. También pueden ser indicios de la resolución. (9)
En los cuentos modernos tan importante como dar estos indicios, es saber guardar información. Puede ser por dos motivos: o bien no es pertinente y dilataría innecesariamente a la historia; o puede ser un recurso para generar intrigas, como hace Salinger. Volvamos a “Un día perfecto para el pez plátano”. Como lectores nos van surgiendo ciertas preguntas a medida que leemos la conversación telefónica entre Muriel y su madre. ¿Qué había hecho Seymour con los árboles? ¿Qué hizo con las fotos de Bermudas? ¿Qué es el asunto de la ventana? ¿Tiene Seymour o no un tatuaje?
¿Importa al fin del cuento? Salinger decidió en su momento que quedara librado a la imaginación del lector. Pero, y esto es lo relevante, no hay duda de que él tenía todas las respuestas. Sólo que elegía no informarlas.
Benjamin también escribe sobre los beneficios de dejar ciertas interpretaciones libradas al lector: “Nada puede encomendar las historias a la memoria con mayor insistencia, que la continente concisión que las sustrae del análisis psicológico. Y cuanto más natural sea esa renuncia a matizaciones psicológicas por parte del narrador, tanto mayor la expectativa de aquélla de encontrar un lugar en la memoria del oyente, y con mayor gusto, tarde o temprano, éste la volverá, a su vez, a narrar.” (10) Sigue refiriéndose a los cuentos de tradición oral, pero sirve igual para pensarlo. ¿Cuáles son esos cuentos que releemos con una atención casi obsesiva? Los que no entendimos del todo, los que nos dan la sensación de que todavía “nos perdemos de algo”. Tomemos como ejemplo dos de los cuentistas que ya hemos mencionado, Salinger y Carver. Los releemos tratando de ordenar los síntomas que describen y poder dar forma a un diagnóstico que… ¿será el correcto? Siempre hay lugar a la duda y entonces, se vuelven a leer.
Como lectores, podemos tomar prestados mundos ajenos y vivir vidas extrañas por un rato. Sabemos que no es verdad lo que leemos, pero nos disponemos a creerlo. Alvarado y Yeannoteguy citan la existencia del pacto ficcional que plantea Umberto Eco. Este es un acuerdo tácito al que accede el lector de un cuento: no va a juzgar la veracidad de lo que se narra en el cuento que lee. A cambio, pide que sí sea verosímil. (11) Muchas veces, lo que puede ser verosímil, y lo que no, depende del género del cuento. Pero hasta esos límites se pueden romper si se tiene el talento necesario.
El lector bien predispuesto se presta a que lo lleven de paseo por recónditos lugares, aunque sólo si el escritor maneja bien.

María del Mar Galant
Junio de 2008

1 Alvarado, Maite y Alicia Yeannoteguy: “La narración”. En La escritura y sus formas discursivas – Curso introductorio. Eudeba, Buenos Aires, 1999. pp. 38-42.
2 Rest, Jaime: “Estudio Preliminar”, en El cuento tradicional y moderno, Buenos Aires, Editores de America Latina, 1998. pp I-VIII.
3 Benjamin, Walter: “El narrador: Consideraciones sobre la obra de Nicolai Lescov”. En Sobre el programa de la filosofía futura. Planeta de Agostini, Barcelona, 1986. Apartado IV.
4 Rest, Jaime: “Estudio Preliminar”, en El cuento tradicional y moderno, Buenos Aires, Editores de America Latina, 1998. pp I-VIII.
5 Piglia, Ricardo: “Tesis sobre el cuento”. En Formas Breves. Temas, Buenos Aires, 1999. pp. 116.
6 Íbid., pp. 91-100.
7 Salinger, Jerome D.: “Un día perfecto para el pez plátano”. En Nueve Cuentos. Alianza Editorial, Buenos Aires, 2003.
8 Salinger, Jerome D.: “El hombre que ríe”. En Nueve Cuentos. Alianza Editorial, Buenos Aires, 2003.
9 Alvarado, Maite y Alicia Yeannoteguy: “La narración”. En La escritura y sus formas discursivas – Curso introductorio. Eudeba, Buenos Aires, 1999. pp. 47-50.
10 Benjamin, Walter: “El narrador: Consideraciones sobre la obra de Nicolai Lescov”. En Sobre el programa de la filosofía futura. Planeta de Agostini, Barcelona, 1986. Apartado VIII.
11 Ibíd., pp. 50-58.

Lineamientos del ensayo

Pues, me decidí por reflexionar sobre “el cuento”. Lo que voy a hacer es lo que dije antes (ayer), pero sumándole una especie de contraste con el cuento clásico o tradicional.
Se supone que un texto argumentativo nace de la necesidad de persuadir a los demás (o algo así leí en el texto de Alvarado y Yeannoteguy). Creo que no quiero convencer a nadie de nada en particular con mi ensayo. Es más un medio para ordenar mucha información, caracterizaciones y opiniones, y aclarar así las ideas. Veremos qué sale.
Qué loco que en menos de una semana esto se termina… ¿Seguirán los diarios de escritores?
¡Ahora sí estamos en cuenta regresiva, eh!

Planificación del ensayo, al cuadrado (por ahora)

Tengo dos opciones:
Género crónica / no-ficción o género narración. Me gustaron las reflexiones que hice sobre ambos, tengo material para sumarle a los dos e intertextos que citar también. Pero no me decidí todavía cuál retomar.

¿Cómo sería cada ensayo?
Crónica: el problema sería aproximarse a una definición del género. Trataría de incluir más detalles de mi experiencia y sumaría intertextos de Cassany y Geertz – ya están citados Caparrós, Amar Sánchez, varios de La Argentina Crónica, Kapuscinski, Hellmann y otros periodistas. La estructura intentaría recorrer requisitos y definiciones; enfrentarlos, completarlos o refutarlos hasta llegar a una aproximación propia. Es como que se estaría llegando a una “resolución” del problema. ¿Estilo? … El que me salga. No sé planearlo. Voy a leer más a Alvarado y Yeannoteguy para definir eso.
Narración: el problema sería el mismo: lograr una definición del cuento, en este caso, moderno o posmoderno (todavía no me queda claro donde ubicarlo… ¿post-tradicional?) En el texto base ya tomé los temas del Narrador, Historia 1 y 2, los Elementos y su función; pero me gustaría ampliar y ejemplificar todos, quizás sirviéndome de mis mismas notas de lectora del Bloque Narración. Tengo citados a Benjamin, Piglia y a Alvarado y Yeannoteguy. Me gustaría agregar, como ya dije, intertextos de Carver, Walsh, Salinger y quizás también de Saer y Rest. En este caso la estructura sería más por puntos (narrador, estructura, elementos, etc). Y sobre el estilo, ídem anterior.
Ya me decidiré, como siempre, a último momento… Pero ya tengo una teoría sobre eso, que seguro voy a elaborar en las Reflexiones Finales del Taller. ¡… Así que no cambien de canal, volvemos después de los comerciales! :-P

Sigo leyendo ensayos

Estuve leyendo tres ensayos de Calvino.
Lo primero te tengo que decir es que si nadie me hubiese dicho que eran ensayos, les hubiera puesto la etiqueta (evidentemente apresurada) de crónicas culturales. Él visita distintas exposiciones y entreteje con las descripciones de lo que ve, reflexiones propias que le despiertan y anécdotas históricas que conoce y se relacionan. En “Colección de Arena”, está en una exposición de colecciones raras y esta cantidad de frasquitos llenos de arenas tan distintas como parecidas le despiertan preguntas acerca de la persona que los coleccionó y porqué lo habrá hecho. Y de ahí reflexiona sobre las colecciones en general, sobre las personas detrás de ellas. En “Qué nuevo era el nuevo mundo”, visita la exposición “América vista desde Europa”. Parte entonces de la idea de descubrir un nuevo mundo y se pregunta si hoy seríamos capaces de verlo, de notarlo a pesar de nuestras preconcepciones y categorías asumidas convencionalmente. Recorre anécdotas históricas y descripciones de las pinturas, grabados y objetos que ve, y condimenta todo con reflexiones acerca de la relación de Europa con América a través de la historia (¿o lo primero condimenta a esto último?). Finalmente, “El museo de los monstruos de cera” es resultado de su visita al “Grand Musée anatomique-ethnologique du Dr. P. Spitzner”, una exposición de figuras de cera de deformaciones y enfermedades humanas, y por otro lado, de personas de etnias lejanas. Calvino hace historia del Dr. Spitzner, del interés morboso, del museo en sí; y describe, más que lo que ve, lo que evita ver. “Fantasía sádico surrealista”, caracteriza. Y reflexiona sobre el valor de la diferencia física, y qué puede aportar esta exposición a ese concepto.
Me da la sensación de que lo que hizo Ítalo Calvino fue tomar como punto de partida estas exposiciones para dejar que sus ideas viajen a dónde quieran. Tomó nota de los disparadores pero dejó que hagan su propio camino. Aunque dentro de un marco común, tampoco es una colección de desvaríos. Sigo pensando que son crónicas, quizás más subjetivas aún que otras. Las llamaría “crónicas culturales reflexivas”.
Me gusta esa facilidad que tiene para hacer que fluyan sus apreciaciones entre los datos fácticos o las descripciones. Está todo como trenzado: no hay divisiones temáticas; ni se maneja con una estructura de introducción, planteo, conclusión, introducción, planteo y conclusión (y repetir tantas veces como necesario). A pesar de que toca diversos temas por texto, logra que se desarrollen de forma bien fluida. Eso va a costarme en mi ensayo. Leo mis textos y veo que podría marcar en donde empecé un tópico y lo cerré; y en dónde introduje otro y hasta dónde duró.
Sigo decidiendo el tema ...

Ensayo Vs Tratado

... o la delgada línea estilística.
Leí el ensayo de Flusser.
Es interesante la distinción que hace entre los dos estilos: mientras que el tratado busca demostrar la validez del argumento a través del rigor académico, el ensayo lo respalda desde su propia experiencia. Se puede hacer una comparación con respecto al trato que le dan al tema:
Después de leer esto, estaba pensando en mi ensayo... El texto en el que pensaba basarme está escrito desde la experiencia, pero citando voces de la teoría para ir marcando un camino. Está escrito con huellas de la escritora, pero también está buscando el rigor académico para validar el argumento. No sé de qué lado estoy. Pero el mismo Flusser habla de que está un poco "extremizada" la división, así que no creo que importe demasiado.

Pequeñas alegrías cotidianas

¡Hoy encontré unos auriculares que andan! ¡Los dos oídos!
Porque viste cómo es, ¿no? Siempre hay uno que deja de funcionar y una cae en las oscuridades del mono audio.

Reflexión sobre el género Narración

O “Había una vez… un cuento clásico”

¡Antes era tan fácil definir al cuento!
Texto de ficción que consta de tres elementos: introducción, nudo y desenlace.
Al menos, eso dice mi libro de Lengua de la primaria. Pero resulta que no es estrictamente eso.
Alvarado y Yeannoteguy dicen que el cuento tradicional (fundamentalmente oral) seguía, de cierta forma, este estándar. Estaba compuesto generalmente por la partida del héroe, el encuentro con una prueba, la obtención de ayuda mágica, el regreso triunfal, y finalizaba muchas veces en casamiento. La reproducción de este esquema hacía fácil memorizar y repetir las historias. El cuento era muchas veces una metáfora o un reflejo directo de la sociedad, y solía dejar un consejo implícito. 1
Walter Benjamin también menciona el papel del consejo en las narraciones. Este autor plantea que el arte de narrar está llegando a su fin: “En todos los casos, el que narra es un hombre que tiene consejos para el que escucha. (...) El consejo es sabiduría entretejida en los materiales de la vida vivida. El arte narrar se aproxima a su fin, porque el aspecto épico de la verdad es decir, la sabiduría, se está extinguiendo.” 2
Piglia también conecta al cuento con la experiencia, pero no únicamente del escritor / narrador, sino que incluye al lector: “Todas las historias del mundo se tejen con la trama de nuestra propia vida. Lejanas, oscuras, son mundos paralelos, vidas posibles, laboratorios donde se experimenta con las pasiones personales.” 3
Si recordamos los cuentos que nos leían o leíamos de chicos, no va a ser difícil encontrarles una moraleja a cada uno. Pero esa característica de las narraciones fue perdiendo peso a través de la evolución del género.
Pero volvamos a esa división básica de introducción ~ nudo ~ desenlace. Mientras que el cuento oral tradicional que describimos recién se adaptaría sin mayores ajustes a esta estructura, el cuento de hoy, no tanto. Mientras que la aparición de un desequilibrio y su resolución es el centro del cuento tradicional, el cuento moderno (¿Está bien decirle moderno o debería ser posmoderno? No es retórico.) muchas veces se limita a narrar el momento en que se instala la incomodidad del desequilibrio. No vamos a alejarnos muchos para ver ejemplos: los cuentos que leímos para este bloque son piezas claras – en especial los de Carver. Dejan al personaje hundido en un punto muerto. ¿Cómo saldrán? No lo sabemos. Es difícil asegurar siquiera si lo lograrán.
¿Qué cuentan los nuevos cuentos? Según Ricardo Piglia, dos historias. La historia 1 es el relato superficial, de acceso inmediato, la 2 debe estar entretejida en la primera, de modo fragmentario. El final de estos relatos basa su efecto de shock en una revelación epifánica, que salta de la página a nuestro ojos. Pero ese dato siempre estuvo ahí: había pistas e indicios. Sólo que, concentrados en lo que se veía más cerca y más fácil, no atinamos a atar los hilos sueltos hasta que la cuerda nos ahorca sola. 4
Siguiendo esto, y combinándolo con lo que dicen Alvarado y Yeannoteguy, nada sobra en un cuento. Cada información y detalle algo significará en la resolución de la historia (y con resolución no quiero decir solución). Barthes hablaba de funciones cardinales, aquellas que aparecerían en una síntesis del relato; y de catálisis, que demoran la consecución del relato y crean suspenso. También pueden ser indicios de la resolución. 5
Tan importante como dar esos indicios es saber guardar información. Puede ser por dos motivos, o bien no es pertinente y dilataría innecesariamente a la historia; o puede ser un recurso para generar intrigas, como hace Salinger. En las notas de lectora de sus cuentos, enumeré ciertas preguntas que me iba haciendo a medida que leía la conversación telefónica entre Muriel y su madre en "Un día perfecto para el pez plátano". ¿Qué había hecho Seymour con los árboles? ¿Qué hizo con las fotos de Bermudas? ¿Qué es el asunto de la ventana? ¿Tiene Seymour o no un tatuaje?
¿Importa al fin del cuento? Salinger decidió en su momento que quedara librado a la imaginación del lector, pero mi punto es que no dudo de que él tenía todas las respuestas.
El último tema que quiero abordar es el de la verosimilitud del cuento. Alvarado y Yeannoteguy citan la existencia del pacto ficcional que plantea Umebrto Eco. Este es un acuerdo tácito al que accede el lector de un cuento: no va a juzgar la veracidad de lo que se narra en el cuento que lee. A cambio, pide que sí sea verosímil. 6 Muchas veces, lo que puede ser verosímil, y lo que no, depende del género del cuento. Pero yo creo que hasta esos límites se pueden romper si se tiene el talento necesario. El lector bien predispuesto se presta a que lo lleven de paseo por recónditos lugares, aunque sólo si el escritor maneja bien.

1 Alvarado, Maite y Alicia Yeannoteguy: “La narración”. En La escritura y sus formas discursivas – Curso introductorio. Eudeba, Buenos Aires, 1999. pp. 38-42.
2 Benjamin, Walter: “El narrador: Consideraciones sobre la obra de Nicolai Lescov”. En Sobre el programa de la filosofía futura. Planeta de Agostini, Barcelona, 1986. Apartado IV.
3 Piglia, Ricardo: “Tesis sobre el cuento”. En Formas Breves. Temas, Buenos Aires, 1999. pp. 116.
4 Ídem 3, pp. 91-100.
5 Ídem 1, pp. 47-50.
6 Ídem 1, pp. 50-58.

Cuento a partir de la memoria de un espacio


[Fragmento]

Yo la conocí cuando empecé la primaria. Ella tenía tres años más que yo y mi mamá le pidió si le molestaba acompañarme a la mañana, porque ella no me podía llevar. Éramos vecinos.
Resulta que entonces íbamos juntos a la escuela. No se si le molestaba porque nunca dijo nada. Pero hablaba de todo, todo el tiempo. Que su papá era un abogado muy importante, que su mamá era contadora. Que iba a ser escritora cuando sea grande y que le gustaba no sé qué pibe compañero de grado.
Yo no hablaba casi nada. Me molestaba que ella me tenga que llevar a la escuela, yo ya era bastante grande como para poder ir solo, y encima mis amigos me cargaban cuando me veían llegar. Ellos estaban con sus mamás. Pero yo iba con una “niñera”, decían.
Le pegué una trompada a Marcelo por eso. Siempre fui más fuerte que todos, capaz porque comía más. A veces me ataba un trapo rojo en la cabeza y jugaba a que era Rambo.
Ella preguntaba. Que qué me enseñaban, que si sabía leer, que si sabía escribir, que si me gustaba alguien, que si las nenas eran lindas… las nenas eran todas taradas, con muñecas para todos lados y jugando a que eran princesas. Aparte, les pegás y lloran, pero te pegan, te rasguñan, y tenés siempre la culpa vos. Son unas taradas.
A ella a veces la empujaba pero no lloraba, se reía. Era rara.
Cuando yo ya iba a tercero no me pasaba a buscar más. Pero siempre nos encontrábamos en el camino y seguíamos juntos. A veces se nos unía un gordo alto que era novio de ella o algo así. Iban de la mano, pero ella igual charlaba conmigo. El también, pero usando un tono raro, como cuando yo le hablaba a mi hermanita bebé.
A veces venía a comer a mi casa ella, porque los papás nunca estaban y mi mamá cocina mucho. Jugábamos a los videos, tomábamos la leche, hasta la tardecita que ella se iba. Le encantaba tener a upa a mi hermana y hablaba con mi mamá como si fueran amigas.
Siempre me decía que yo tenía suerte.
Seguía jodiendo con lo de ser escritora y le contaba a mi hermanita cuentos de princesas, hadas y todo eso que le gustan a las chicas. Mi hermanita no entendía nada, pero yo a ella no le decía nada para que no se sienta mal. A veces lloraba cuando llegaba a los finales felices de las historias.
[...]

Por María del Mar

Cuento de consigna onírica


El Salto

Cargada de angustia, siente la esencia de lo que está por venir… Pero prefiere no comprenderlo aún.
Se encuentra rodeada de un paisaje que nunca había visto, y le parece irreal. No hay elevaciones en el terreno, que podría definirse como avejentado. La iluminación es exagerada, hace que ciertas partes del alrededor la enceguezcan cuando observa. Blanco, sepia, amarillo, anaranjado y gris.
No siente peso, ni cansancio. Tampoco lleva equipaje, y quizás es lo que más duele. Pero sabe que está de paso.
Al frente: toboganes. Toboganes larguísimos y muy empinados. Al contrario de los que se encuentran en las plazas, no es necesario subir para deslizarse, sino que el punto alto está al nivel del suelo. Ella se acerca y se asoma, pero no llega a ver el lugar de aterrizaje. Hay bruma allí abajo, una niebla blanca, casi vaporosa.
Se permite suspirar y una lágrima casi se hace paso por sus mejillas. No está sola, pero tampoco acompañada. Al igual que todos allí.
Los observa: hay quienes no se detienen y avanzan. Incluso hay quienes corren para zambullirse. Algunos toboganes hasta están congestionados. Pero también, muchos lloran y ella entiende. A varios se los ve aliviados. Otros, se muestran contemplativos.
Entonces los ve a ellos. Uniformados de blanco, son quienes se encargan de animar a cada uno al salto. Todavía no repararon en ella, quién sabe hace cuánto tiempo está cada persona que puede ver allí. Se pregunta por cuánto la dejarán extender el momento previo.
Y, ¿qué vendrá después? Hay tantas versiones que se confunde de sólo considerarlas. Lo irónico es que ya no es relevante. Lo que importaba ya pasó, y se termina.
Esta vez cae: una gota salada que muere en sus labios. Nunca se le dieron bien las despedidas, y esta sería la más importante y definitiva.
Fue entonces cuando sintió una sutil caricia en su hombro izquierdo. Era uno de ellos que llamaba su atención. Sin pensarlo, da un paso para alejarse de él y su cabeza empieza a moverse en negación.
Todavía no.
Con una sonrisa compresiva pero firme – triste, pero firme -; él da el paso que los separa.
Ella se vuelve a alejar.
No está lista.
Pero nadie lo está.
El llanto deja de ser sutil y ella está dispuesta a rogar. ¿Cuándo, si no?
Quiere más tiempo, sólo un poco más.
Pero ya es hora.
¿Qué hay después, qué pasa con antes?
Antes, ya está.
Él se acerca y la abraza. Ella se deja abrazar, porque no le queda nada más. Y se sorprende porque el abrazo es cálido y siente que por su cuerpo la inunda la certeza.
Ya sin dudas, seca sus lágrimas y da un paso más.
De frente a uno de los toboganes, libre y vacío sólo para ella, contempla la incertidumbre de lo que vendrá.
Se dice adiós, y salta.
Y lejos, muy, muy lejos, su cuerpo muere al fin.

Por María del Mar

Notas de lectora de Walsh

El relato “Fotos” de Rodolfo Walsh es un conjunto de episodios cronológicamente ordenados. Son fragmentarios, muchos dan la sensación de estar incompletos, pero están montados de una forma que terminan contando dos historias: la de quien narra, Jacinto Tolosa; y la del personaje en cuestión, Mauricio Irigorri. Walsh se vale de distintos discursos para armar este collage de escenas: recortes de diario, cartas, ejercicios escolares, el proceso de la composición de un poema, y por supuesto descripciones y diálogos. A través de estos últimos retrata a la sociedad de la época y su discurso: pone en juego ciertas categorías y modos de hablar.
Distintos temas atraviesan todo el cuento: la discusión sobre el arte (qué es y qué no), las diferencias en las posibilidades de progreso social, el rechazo o la aceptación, la necesidad o la vocación.
Personalmente, relacioné el título a la forma del cuento, más allá de la vocación de Mauricio. Cada capítulo del relato es una fotografía de un tiempo, lugar o situación determinada, y observando todo el álbum podemos encontrar una historia.
Con respecto a “Los oficios terrestres”, presté más atención a la composición de lugar que a la historia. Walsh debía, como se dijo en clase, tener un dibujo o algún tipo de diagrama. O una muy buena memoria fotográfica, porque leyendo se puede ir pintando el recorrido claramente, sin necesidad de improvisar partes. Por otro lado, también hay una descripción de un momento, a partir de acciones y hechos, que nos llevan a pensar lo que sucede detrás, como en los cuentos de Salinger o Carver. Los nenes - que se portan como se portan, que actúan y reaccionan de cierta forma - piden a gritos una madre. Están solos, alejados de su familia, y también están solos entre sus amigos. El “abandono” de sus padres quizás no los deja involucrarse del todo con sus compañeros, y siguen estando solos aún en medio de un grupo. El Gato se preocupa por Dashwood, le llega a dar parte de sus ahorros para que se sirva de ellos en su viaje, pero tampoco hace algo para retenerlo. Cada uno está solo con su circunstancia.

"Fotos" está publicado en Los Oficios Terrestres, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1996.
"Los Oficios Terrestres" está en Un Kilo de Oro, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1987.

Génesis de cuento según Rest

Hasta el Renacimiento, la originalidad narrativa del cuentista radicaba en su capacidad y habilidad de reelaborar las anécdotas tradicionales. El cuentista moderno, en cambio, se distingue por presentar sus historias como producto de su imaginación.
Medioevo, hasta el Renacimiento: el cuento tradicional posee naturaleza fáctica. Dos clases:
- la anécdota maravillosa: mayormente, en repertorio populares y anónimos (vidas de santos, historias de milagros);
- la realista: sucesos verosímiles y cotidianos, a menudo tratados con sentido cómico.
Época de transición: con el surgimiento de la burguesía y el avance de la secularización, se nota una actitud más realista y mundana, crece la elaboración poética, aparecen referencias concretas a la sociedad y sus costumbres y se pierde de a poco la ingenuidad.
Desde el siglo XIX: la novela moderna acaparaba el lugar de lo que antes era el realismo fáctico y la secularización reservaba para los relatos sobrenaturales el espacio de lo onírico e inverosímil. El relato breve se ubica entonces en una dimensión artística propia, lírica. La historia queda supeditada al discurso, en pos de los efectos procurados.
Definición de cuento según Edgar A. Poe (en 1842): “ficción en prosa cuya brevedad permite leerla de un tirón.”

Rest, Jaime: Estudio Preliminar, en "El cuento tradicional y moderno", Buenos Aires, Editores de America Latina, 1998. pp I-VIII.

Leyendo a Benjamin...

… y no comprendiéndolo del todo. No sé si es el vocabulario que usa, o el hecho de que menciona autores que no conozco. Me costó leerlo, tuve que dedicarle varias “sentadas”. No podía seguirle el hilo por mucho tiempo seguido, así que lo leí por turnos. [Texto “El Narrador: Consideraciones sobre la obra de Nicolai Lescov”.]
Hay citas que igual me hacen ruido:
“Nada puede encomendar las historias a la memoria con mayor insistencia, que la continente concisión que las sustrae del análisis psicológico. Y cuanto más natural sea esa renuncia a matizaciones psicológicas por parte del narrador, tanto mayor la expectativa de aquélla de encontrar un lugar en la memoria del oyente, y con mayor gusto, tarde o temprano, éste la volverá, a su vez, a narrar.” [Apartado VIII]
“La narración, tal como brota lentamente en el círculo del artesanado —el campesino, el marítimo y, posteriormente también el urbano—, es, de por sí, la forma similarmente artesanal de la comunicación. No se propone transmitir, como lo haría la información o el parte, el ‘puro’ asunto en sí. Más bien lo sumerge en la vida del comunicante, para poder luego recuperarlo. Por lo tanto, la huella del narrador queda adherida a la narración, como las del alfarero a la superficie de su vasija de barro.” [Apartado IX]
“Podemos ir más lejos y preguntamos si la relación del narrador con su material, la vida humana, no es de por sí una relación artesanal. Si su tarea no consiste, precisamente, en elaborar las materias primas de la experiencia, la propia y la ajena, de forma sólida, útil y única.” [Apartado XIX]
Estas citas señalan dos ejes de pensamiento que me interesaron / gustaron. Por un lado, la idea de que la narración es la comunicación artesanal. Ya que da forma, a los datos, la información y los hechos, desde el personaje. El narrador le da vida a una serie de sucesos otorgándole algo así como una identidad, una personalidad única. Es por eso que deja su huella. Las preguntas que se hace Benjamin luego, sobre si la tarea del narrador es realmente análoga a la del artesano, avanzan más allá. Propone pensar las experiencias de vida como materiales, como la arcilla del alfarero; y el objetivo es entonces darles una forma final: útil y única.
Por otro lado, el segundo eje que captó mi interés es el plantea que la narración que incita a ser memorizada y repetida es aquella que deja conclusiones y respuestas libradas a la mente del oyente / lector (Benjamin lo dijo mejor, yo lo parafraseé pobremente). ¿Cuáles son esos cuentos que releemos con una atención casi obsesiva? Los que no entendimos del todo, los que nos dan la sensación de que todavía “nos perdemos de algo”. Tomemos como ejemplo dos de los cuentistas que trabajamos en el taller, Salinger y Carver. Los releemos tratando de ordenar los síntomas que describen y poder dar forma a un diagnóstico que… ¿será el correcto? Siempre hay lugar a la duda y entonces, se vuelven a leer.

Notas de lectora de Salinger


Admiro de J.D. Salinger su talento de saber guardarse información. A veces, los escritores se exceden dando datos de sus personajes o situaciones, hasta el punto que parece forzado, o un medio para decir “miren todo lo que se me ocurrió”. Estoy segura de que él conoce todo aquello que no dice, pero sabe sacrificarlo en pos de un cuento mejor.
Por ejemplo, en “Un Día Perfecto Para El Pez Plátano” [Publicado en “9 cuentos”, Alianza Editorial, Buenos Aires, 2003] desde el comienzo están esas cosas que no se dicen. ¿Qué había hecho Seymour con los árboles? ¿Qué hizo con las fotos de Bermudas? ¿Qué es el asunto de la ventana? ¿Tiene Seymour o no un tatuaje? Al leer va creciendo la intriga acerca de este hombre. Después, conocemos a Sybil y nos da miedo verla interactuar tan despreocupadamente con él, que sin dudas está desequilibrado. Y él la toma de los tobillos, la alza… y nosotros esperamos lo peor. La nena le habla algunas incongruencias que él sigue con inesperada dulzura. Y aparece la cuestión de los peces plátano. Él le cuenta la historia mientras juegan y, al fin, se separan. La niña está a salvo. Con el episodio del ascensor se confirma que Seymour tiene un problema. Entra a la habitación y creemos hasta el último segundo que va a asesinar a su esposa.
Pero no: se suicida.
Todo este cuento se basa en lo inesperado. En crear angustia y ansiedad a través de los pequeños episodios. Pero Seymour es el pez plátano. Lo último que quiere es tragar otro más: ya comió demasiados durante la guerra. Tantos, que ya contrajo esa enfermedad que no lo deja seguir viviendo. Así que no va a dañar a nadie, sino a él mismo.
Salinger maneja muy bien también, y en la misma línea de la información que no da, las conversaciones. En ellas hay interrupciones, temas que no se retoman, mezclas de frivolidades y asuntos profundos, asunciones propias de dos personas que ya se conocen y no verbalizan todo. Muchos diálogos se escriben con la preocupación de que al lector le quede todo claro, pero Salinger prefiere naturalizarlos, como si fuesen la trascripción de una charla ajena sobre un tema no necesariamente conocido. El lector entenderá lo que pueda, y el resto queda a su cuenta.
Con respecto a “El Hombre Que Ríe”, aparece en él otra de las características que me atrapan de J.D. Salinger: su capacidad de meterse en la cabeza de un niño y razonar, percibir y narrar como él. (Ya había disfrutado leyendo en “El Guardián Entre El Centeno” un fiel reflejo de la adolescencia). En este caso, es eje de la historia la inocencia del niño, y como la pierde al final. Los Comanches proyectan la admiración por su Jefe en la indestructibilidad del Hombre que Ríe (dice del Jefe: “Si los deseos hubieran sido centímetros, entre todos los comanches lo hubiéramos convertido rápidamente en gigante.” Y del Hombre que Ríe: “…me sentía, no solamente descendiente directo del "hombre que ríe", sino además su único heredero viviente”).
Sin embargo, el Jefe es humano y aparece cierta mujer, que también, enfrenta al narrador por primera vez con el sexo opuesto. Tras un desengaño amoroso el Jefe se amarga y decide que es hora de que su personaje muera. Y los chicos no lo pueden creer y lo viven como el primer duelo de sus vidas. Por un lado, se murió su héroe de la ficción; y por otro, el Jefe no era tan intocable como parecía, y algo ajeno a ellos lo afectó demasiado. Algo puro e inocente se pierde.
Salinger tiene el talento de saber cómo enfocar esas escenas de la vida, sin tener que escribirlo textualmente. Tampoco son relatos exclusivamente, digamos, “conductistas”. Si bien se basan en acciones y diálogos, y no hay interpretaciones psicológicas de por medio, no son una mera lista de una serie de acciones. Cada detalle está seleccionado y organizado de manera de dar un panorama fiel. Y mucho, como ya dije antes, se deja de lado para que el lector lo recoja y no se limite a leer pasivamente.