Contra reloj

Parece que así es como funciono. Ojo, esto no es una novedad, ya llevo muchas materias así que no me soprende recién ahora. Pero sí me complica cada vez más.
Tengo que ponerme a escribir, no es tan complicado:
1) Tomar una hoja en blanco / Abrir un documento de Word nuevo
2) Tomar una lapicera / Apoyar los dedos sobre el teclado.
3) ... Y que fluya.
Pero no. Es sencillo entrar a blogger y empezar a desvariar sin comprometerse demasido. Es aún más simple seguir un diario íntimo en dónde no hay que preocuparse de quién va a leer. Pero... los trabajos de la universidad. Son calificados. Son juzgados. Son una primera impresión a nuestro intelecto, y, entonces, no se producen de forma indiscriminada ni desprecupada. Hay que ponerse a pensar, a analizar, a reflexionar... ¡y a veces cuesta tanto!
Siempre encuentro algo más urgente que hacer. Tengo todos los materiales en la mesa, pero hecho un vistazo alrededor, ¡y esta todo muy sucio! Mejor limpio. O quizás me da hambre. O me acuerdo de esa persona que dije que iba a llamar. O se me ocurre la idea de un cuento. O me doy cuenta de que a mi perra no la saco a pasear lo suficientemente seguido. O digo, "hace mucho no hago una entrada en mi blog de escritora", en la que juego a ser algo que, evidentemente, no soy.
Es entonces cuando miro el almanaque. Hoy es 9. Menos de una semana para la primer entrega importante del taller.
Me pregunto:
¿Hice las notas de lector? Nop.
¿Hice una edición de la entrevista? Eh... no.
¿Hice los fichajes? Niente.
¿Tengo alguna idea para la reflexión? ... ¡Seguí participando!
Aunque sea, ¿leí los textos? ¡Sí! (Siento lágrimas en mis ojos) O sea, casi todos... algunos, seguro.
Así que quizás es hora de ponerse con algo, ¿verdad?
Ya está. Estoy llena de energía y me arden las puntas de los dedos por la adrenalina previa a empezar a tipear.
Pero... ya son las 5 y tengo que ir a una clase a las 6, así que... será cuestión de releer esto en su momento, ¿no?

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