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Hoy asistí al festejo del primer año de esta niñita, llamada Morella en honor a una canción de Los Piojos, y no por el poema de Poe.
Cuando yo cumplí un año se juntaron a mi casa mis familiares que todos juntos son como... diez, y eso fue todo.
Hoy había un castillo inflable, jóvenes disfrazados de Mickey y Minnie, un pelotero del tamaño de una ciudad pequeña, una estructura de redes y obstáculos de goma espuma de tres pisos, flippers, metegol(es), una pantalla gigante que reproducía imágenes de la nena en todo su año de vida, fotógrafos y filmadoras pululando, música a volúmen de sábado a la noche y coreografías embarazosamente obligatorias para los más de cien invitados.
O sea... el cumpleaños fue de 12 a 16 y Morella durmió de 13 a 15.30.
Supongo que lo disfrutará de acá a diez años cuando vea los videos, y sí que los papás se relajaron bastante después de la inversión que tomó todo esto, pero... todavía me asombro de como se "eventean" (creo que acabo de inventar ese verbo) cada vez más las situaciones familiares que antes eran privadas e íntimas.
De pronto hay espectacularización y registro de todo.
Y todo esto me lleva a preguntarme... ¿Por qué, oh, por qué los peloteros se inventaron cuando yo ya era demasiado "adulta" para poder disfrutarlos? ¡...carajo!

1 comentarios:

Pato "Mafi Weasley" Schandor dijo...

Si vos te sentis "muy adulta" que tengo que decir yo. Pero la diferencia esta en que nosotros nos las arreglabamos con la imaginacion y hoy los chicos necesitan de todo este circo privado para disfrutar de un cumpleaños.
Pato

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