Reflexiones sobre el género: la entrevista

Tengo apreciaciones encontradas acerca del género entrevista. Es el tipo de artículo que más me interesa leer, por su valor auténtico, de primera persona. También me apasiona preparar las preguntas y los conocimientos previos cuando tengo que hacer una. Sin embargo, el momento específico de la concreción ha sabido resultarme angustioso. No tuvo que ver con un entrevistado malhumorado o poco colaborativo, a lo Andy Warhol. Es que nunca resulta lo que yo espero. Esto no es necesariamente malo, pero sí exige de mí mayor poder y capacidad de improvisación, creatividad y quizás, carisma.
“La entrevista es el género de la voz y la autenticidad”[i] dice Leonor Arfuch, y eso es lo que más magnetismo genera en este tipo de textos. Nada añade más valor, o sensación, de verdad que la palabra en primera persona. Sin embargo, es cierto que nada garantiza que la persona que habla sea veraz. Pero sí hay implicado mayor compromiso por la exposición requerida en el acto de la entrevista.
Creo, personalmente, que la entrevista es una fotografía verbalizada. Es decir: una conjunción de: a) la situación en la que se encuentra el entrevistado (su humor, lo que le pasó en el día hasta llegar a la entrevista, su interés en el tema); b) la situación del entrevistador; y c) un marco común. Es necesario tener en cuenta, entonces, que la persona que entrevistamos puede estar de buen o mal humor, con ganas de hablar o no, interesado en la entrevista o no, cansado de hablar, etc. También puede tener un mal día quien pregunta. En dos momentos diferentes, con los mismos personajes y las mismas preguntas, los resultados serán distintos.
Eso explica, con mayor claridad, Eduardo Ulibarri cuando dice: “(…) la entrevista es un contacto humano, un intercambio no sólo de datos o ideas, sino también de instintos, emociones, temores, simpatías, antipatías y oportunidades.”[ii]
Este autor también trata el tema de la ética. La entrevista es un contacto muy directo con la persona que estamos, digamos, “investigando”, y se hace muy sencillo involucrarse. Cuando estuve frecuentando al elenco de “Made In Lanús”, el mes pasado, luego de las entrevistas pude asistir al último ensayo general. Y ahora voy a citarme a mí misma, en una entrada que hice a mi diario de escritor:
“Antes del ensayo, participé de los arreglos previos. El plan era observar, pero son necesarias todas las manos que se puedan extender, así que… Y en cuanto a eso, me pregunto: ¿hasta dónde uno, como cronista -o cual sea el papel que va a ejercer allí- , debe involucrarse? Porque, ya digo, la idea era observar, pero de pronto me encontré ofreciendo ramas del laurel de mi casa para la escenografía, y recibiendo la invitación a la cena que celebraba el fin de los ensayos... No lo tengo claro, pero creo que es algo que todos los que estamos en esta cursada nos vamos a preguntar, eventualmente. Porque la premisa es arte + transformación, y muchos de los proyectos tienen un contenido social, o trabajo ad-honorem o cooperativo. Y nos vamos a ver en la posición de poder ofrecer ayuda, y de querer darla.”[iii]
No es el único ejemplo sobre cuestiones de ética. Cuando entrevisté a la directora de la obra, la señora Elsa Juarez, le hice una pregunta sobre la década del ’70 en la Argentina, sobre la dictadura militar. No había terminado de formularla, que ella señaló mi grabador, se llevó la mano a los labios e hizo el gesto de cerrar un cierre invisible. El mensaje fue claro. Sin embargo, en otra de mis visitas al teatro, y estando todo el elenco charlando informalmente en el jardín de la Casa de Arte, ella recordó la situación: “Vos el otro día me preguntabas de la Dictadura, bueno, en esa época yo…”, y de pronto muchas anécdotas afloraron. No estaba el grabador presente… pero estaba yo. ¿Tenía que advertirle: “Mire que lo que me diga puedo escribirlo, eh”? Es un tema que me interesaría retomar en la crónica, dado que la entrevista se desenvolvió alrededor de otro eje, así que en su momento, voy a volver a este dilema. Sí, es cierto que no se explicitó un Off-the-Record en ningún momento.
Con respecto a los tipos de entrevistas, tenemos un amplio abanico de posibilidades. Pudimos espiarlos en las entrevistas que leímos como ejemplos. Hay algunas que no tratan ningún tema en particular, sino que hasta parecen un recurso para adornar un retrato, como el caso de la que Truman Capote le hizo a Marilyn Monroe. No hablan de nada en particular, pero de todo a la vez. Hasta parece el segmento de una novela en la que Marilyn es la heroína, Henry Miller su interés sentimental, y Capote un personaje secundario, el amigo.
Existen también entrevistas con el único objetivo de obtener o confirmar información. Estas solemos verlas / oírlas en los noticieros. Muchas de ellas son hechas en situaciones apresuradas y no en los mejores términos. Es cuando el periodista se “pelea” con el entrevistado para sacarle una declaración o exponerlo de algún modo. También la entrevista que María Moreno hizo a María Esther Gilio es de esta clase. Si bien el estilo no es tan apresurado y conciso como en los noticieros, ni tampoco pretende confrontarla con ninguna denuncia, el fin de la charla es obtener datos. En este caso, del método de trabajo.
Cuando se entrevistan figuras sobresalientes en su actividad, y no por algún acontecimiento particular, la entrevista suele ser casi explorativa, a la caza de una declaración inédita o confesión significativa. Así son muchas entrevistas a escritores, actores, cantantes, deportistas. Son preguntas obligadas las que remiten a la infancia, al amor, al sacrificio y al esfuerzo invertido en su profesión. Un ejemplo sería la de Jorge Luis Borges.
Yo creo que es imprescindible, como entrevistador, realizar una profunda investigación previa. Saber de la persona: de sus amigos, sus enemigos, sus triunfos, sus fracasos, su causa, sus intereses, etc. Si es por un tema específico, nuestro conocimiento debe permitirnos discutir el tópico casi de igual a igual. Sin embargo, todo lo que podamos saber no debe “subírsenos a la cabeza” de forma que no expliquemos lo pertinente para que “el tercer vértice”[iv] de la entrevista, como lo llama Arfuch, pueda comprender su contenido.
Quiero terminar con una particularización de la entrevista para fines gráficos y no audiovisuales o radiales. La capacidad del entrevistador es, en estos casos, más importante a la hora de comunicar el verdadero sentido de las palabras que se intercambiaron con el entrevistado. Debe saberse narrar con precisión la entonación, el gesto, la intencionalidad de las respuestas. Sabemos que un “sí, claro”, puede ser una simple afirmación, o puede ser una tremenda ironía.
Es un poder muy especial el que posee el entrevistador, en especial si redacta. Está en sus manos que el mensaje de una persona llegue a múltiples receptores de la manera más fiel posible, o de la forma más tergiversada. Como toda actividad que involucra a terceros, debe llevarse a cabo con la mayor de las responsabilidades.

María del Mar

[i] Arfuch, Leonor. Presentación. En “La entrevista, una invención dialógica”. Ediciones Paidós, Barcelona, 1995. p. 13.
[ii] Ulibarri, Eduardo. Los otros cuentan. En “Idea y vida del reportaje”. Editorial Trillas, Mexico, 1994. p. 91.
[iii] Galant, María del Mar. Ensayo General. En “Yo, escritora”. 1º de abril de 2008.
[iv] Ídem 1.

0 comentarios:

Publicar un comentario