Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!

Este blog estuvo dormido pero ya es hora de despertar.
Soy medio suicida en las mañanas. La noche promete más.
(Releo y veo que rimó y todo...)

Género Crónica

Reflexión Debate sobre el Género: la Crónica

Crónica: f. Historia en que se observa el orden de los tiempos.
Diccionario Enciclopédico NOVUS.

Me gusta empezar con definiciones porque siempre dan punto de partida a la discusión.
Como remarca Caparrós en el prólogo de “La Argentina Crónica”, y como indica la etimología de la palabra que le da su nombre, el tiempo define la crónica. Se narra algo que se desarrolla a través de él. Pero como también podemos observar en el mismo libro, existen múltiples definiciones del género. Mi idea es que hay tantas definiciones como escritores de crónicas.
Leo las crónicas porque son lo más literario que puedo encontrar en un diario. Me entero y disfruto de una historia, y no sólo de una suma de datos, nombres de desconocidos y cifras.
Escribo crónicas porque me gusta narrar, y usando material del mundo real, es sólo cuestión de ordenarlo y darle forma.
Cristian Alarcón (autor de “Un día en la vida de Pepita la Pistolera”) dice: “La crónica es una versión insospechada de lo real.”[1] Es un buen punto de partida. Las palabras clave serían versión, porque es un relato, y lo real, porque parte de los hechos. Aclara este aspecto Amar Sánchez cuando dice que “(…) es necesario distinguir lo real – los hechos – de la realidad, que es ya una construcción”[2].
Sin embargo Alarcón también enfatiza la palabra insospechada. La crónica debe ser insospechada en su profundización, observación. Debe reparar en aquello que se pasa por arriba, que se asume. A veces algo nos es tan cotidiano que no nos detenemos a analizarlo. El cronista debe estar preparado para extrañar – en el sentido de hacer extraño – todo, y así tener la necesidad de describirlo, desmenuzarlo, desarmarlo y comprenderlo.
Alejandro Seselovsky, (autor de “Skinheads antifascistas: el lado rojo de la fuerza”) confiesa que “De las diez cosas que más me preocupan [al escribir una crónica], el lector está en el puesto catorce.”[3] No concuerdo con él. La crónica es un artículo que el periodista disfruta escribir. No es la mera trascripción de datos en pirámide invertida, sino una historia con personajes que toman cuerpo, y sucesos que se hacen carne. Pero si uno las escribiera sin pensar en el lector, puede igual de bien llevar un diario íntimo. El lector está presente a la hora de hacer la crónica, porque es necesario tenerlo en mente en el momento de decidir qué información es necesario agregar para una mejor compresión y aprovechamiento del texto y cuál se puede obviar, por ejemplo. Quizás no le daría yo el primer puesto de mis preocupaciones, pero seguro que el lector sube al podio.
Emilio Fernandez Cicco (autor de la desabrida “En campaña con Duhalde y Ortega”) dice que la crónica puede definirse como “Un hombre que no sabe nada de nada, o sea un periodista, buscando enterarse algo de algo, o sea una historia.”[4] Esta es una definición muy simplista y hasta despreocupada. Un amigo una vez me dijo cuando le expliqué (se ve que precariamente) la finalidad de la carrera que estudiaba: “Ah, pero son todos ladris que estudian para no saber nada pero poder hablar de todo.” Me ofendí un poco en ese entonces, pero pensándolo bien, era correcto – sacando lo de ladris. El periodista y el comunicador se preparan para poder abordar distintas temáticas, con las herramientas necesarias para informarse previamente sobre ellas, aunque sea de forma general. No es el cronista alguien que no sabe nada de nada, sino alguien que tiene la habilidad de informarse con el tiempo en contra. No hay que aparecerse al primer encuentro que devendrá en una nota como tabula rasa. Siempre se va a investigar antes el tema, o los temas, que nos podemos llegar a encontrar. Es muy intuitivo el acto, pero la experiencia debe alimentarlo y entrenarlo.
En la misma línea, es cierto lo que alguna vez dijo Ryszard Kapuscinski: “Considero que una característica fundamental en nuestro trabajo es la humildad. Es más que importante entender lo modesto que resulta ser periodista, porque no hay ninguna otra profesión en la que se dependa tanto de los otros”.[5] Dependemos totalmente de los otros, las fuentes. Pero tampoco hay que descansar en ellos, como sugiere Cicco. Kapuscinski mismo, como lo describe la periodista Verónica Abdala “puede [podía] llegar a devorarse una biblioteca antes de atreverse a opinar sobre determinada cuestión, o de iniciar el trabajo de campo, bajo la certeza de que el trabajo del periodista se asienta en dos patas que se complementan mutuamente: la acción y la reflexión, instancia esta última en la que juegan un papel decisivo los libros. Antes de emprender la investigación que conduciría a Ébano, su libro sobre África, de hecho, leyó doscientos volúmenes sobre el tema.”[6] En el artículo “Escritores crónicos”, de María Moreno, se citan una serie de preguntas muy interesantes que María Sonia Cristoff se hace acerca de la crónica: “¿Qué sucede con una narración que pretende representar una realidad cuyos referentes no están camuflados ni son producto de la imaginación? ¿Cómo abordar esos referentes? ¿Es realmente cierto que ese tipo de representaciones no recurren a ninguna estrategia de camuflaje? ¿Cuál es el lugar en el que se ubica, narrativamente hablando, el autor? (…) ¿Cómo se indaga en los temas desde la literatura de no ficción? ¿Hay una obligación de citar fuentes de la cual la ficción está relevada? ¿Cómo citarlas? ¿Cómo evitar los recursos de la academia y los de la investigación periodística en esas citas?”[7]
Todo eso, consciente o inconscientemente, se lo pregunta el escritor de una crónica cuando se dispone a presentarla. La respuesta a estos interrogantes podría sintetizarse en la frase de Hellmann que cita Amar Sánchez: “Todo esto realmente pasó, así que no me culpen si no parece real.”[8] Si bien esa es la excusa del cronista, es sobre los límites que se pregunta Cristoff. “El único límite cierto es no vulnerar la dignidad de los protagonistas ni la seguridad de las fuentes.”[9] Dice Cristian Alarcón caracterizando la ética periodística. También es importante trazar la línea de la primera persona, como dice Caparrós: “(…) cuando el cronista empieza a hablar más de sí que del mundo, deja de ser cronista.”[10]
¿Cómo se escribe una crónica?
No desde una redacción, por dos motivos: el primero, el imprescindible salir a la calle. Recorrer, andar un camino. En segundo lugar, porque la naturaleza del texto se contradice con la urgencia del ambiente. Lo ideal es tomarse el tiempo necesario para darle forma y sentido.
Hay que ser gráficos. No gráficos obscenos: no hay necesidad de que nuestra crónica chorree sangre, miseria o tragedia para que sea cruda. Hay que ser gráficos en el sentido de muy descriptivos. La persona que lee nuestra crónica debe ser capaz, a través de nuestras palabras, de imaginar la misma imagen que nosotros presenciamos.
Caparrós dice: “La magia de una buena crónica consiste en conseguir que un lector se interese en una cuestión que, en principio, no le interesaba en lo más mínimo.”[11] Despertar el interés de alguien por algo es un arte, y si estamos escribiendo, es crucial. Porque el acto de escribir se completa cuando es leído. Más allá de la catarsis que pueda implicar para el escritor, el texto cobra vida en el lector, en cada lector. Teniendo esa responsabilidad, es importante que el cronista ponga el foco en aquello en que el lector no había, necesariamente, reparado.

TRES PREGUNTAS SOBRE LA CRÓNICA PERIODÍSTICA

-¿Cuál es su definición de "crónica"?
Descubrir. Correr un velo de la realidad, y contar algo de un mundo ajeno a nuestra cotidianeidad, o que pertenece a ella, pero no es observado intensivamente. Espiar al otro desde una cierta inocencia e ignorancia. La capacidad de asombro es esencial, así como la habilidad descriptiva.
-¿Cuál cree que es su finalidad?
No se tiene la obligación de ser los ojos del lector, pero sí de satisfacer su curiosidad. Al fin y al cabo se trata de enterarse de algo que no se conoce. La crónica debe cumplir el rol de ventana al mundo real más que ningún otro artículo periodístico. Aunque sabiendo que nada escrito por una persona es una ventana al mundo real, sino que se parece más a un cuadro pintado por un pintor caprichoso; que al menos nuestras crónicas sean historias pintadas con pincel honesto y colores crudos.
-¿Qué límites –éticos, metodológicos- existen a la hora de investigar una historia para contarla?
Los mismos que tenemos en nuestra vida diaria - sé que no soy original. Los míos van a ser no traicionar la confianza de nadie, y la mejor forma de hacerlo es aclarar claramente (valga la redundancia) nuestro rol desde el primer momento.

Por María del Mar

[1] Alarcón, Cristian, en La Argentina Crónica, Selección de Maximiliano Tomas. Planeta, Buenos Aires, 2007. p.49
[2] Amar Sánchez, Ana María. El género no ficción: un campo problemático, en El relato de los hechos. Rodolfo Walsh: testimonio y escritura. Beatriz Viterbo Editora. p. 30.
[3] Seselovsky, Alejandro, en La Argentina Crónica, Selección de Maximiliano Tomas. Planeta, Buenos Aires, 2007. p.96.
[4] Fernandez Cicco, Emilio, en La Argentina Crónica, Selección de Maximiliano Tomas. Planeta, Buenos Aires, 2007. p.98.
[5] Kapuscinski, Ryszard, citado en La leyenda del santo periodista, de Verónica Abdala. P/12, Cultura, sábado 31 de Agosto de 2002.
[6] Abdala, Verónica. Ídem.
[7] Cristoff, María Sonia, citada en Escritores crónicos de María Moreno. P/12, Radar, domingo 07 de Agosto de 2005.
[8] Hellmann, J. citado en El relato de los hechos. Rodolfo Walsh: testimonio y escritura de Ana María Amar Sánchez. Beatriz Viterbo Editora. p. 23.
[9] Alarcón, Cristian, en La Argentina Crónica, Selección de Maximiliano Tomas. Planeta, Buenos Aires, 2007. p.50
[10] Caparros, Martín, en La Argentina Crónica, Selección de Maximiliano Tomas. Planeta, Buenos Aires, 2007. p.13.
[11] Ídem, p.11.

Sobre la reflexión

Acabo de terminar la reflexión sobre el género crónica, y comparándola con la que había hecho de la entrevista, son muy distintas.
En la de la entrevista, me dediqué a exponer, a partir de mi experiencia, los problemas o decisiones con las que un entrevistador podría toparse. Comenté ciertas anécdotas, repasé ciertos consejos de Ulibarri y Arfuch, y terminó como un intento de ensayo.
Esta vez me salió como un debate en el que fui planteando distintas cuestiones, y dándole voz a cronistas, teóricos, escritores y a mí misma. Es un recorrido sobre diferentes concepciones. Con algunas concuerdo, con otras no. A veces no opino pero opongo con otras voces.
Salió de tantas citas que tenía señaladas. Aunque muchas quedaron afuera. ¿Cuál es la forma correcta de reflexionar sobre un género? Las dos veces lo tomé como “Composición, tema:
la vacael género xxxx”. Y salieron estas cosas.

Proceso de mi crónica 2

Hoy escribí mi crónica. Y la verdad es que, si bien me tomó tiempo, fluyó de forma bastante natural.
Debe haber sido que todos estos días, a pesar de no trabajar materialmente sobre ella, estuve pensando mucho. En lo que iba a decir, lo que no, lo que iba a describir, los temas que iba a problematizar, los que simplemente iba a deslizar.
No es una obra maestra, pero cuando la releo, me gusta lo que llego a decir. Me parece una buena forma de guardar el recuerdo del tiempo que pasé produciéndola. Me gustó compartir los ratos que pude con la gente que conocí para hacer este trabajo, y, si bien esta crónica está pensada como una forma de evaluar qué tal escribo un artículo de este tipo, me gusta también pensarla como mi memoria de ese tiempo.
Intenté limitar la primera persona. Si bien aparece, no quería que sea un personaje principal. Pero me costaba contar todo lo que quería si la borraba totalmente. Así que ahí está.
La hice con una temporalidad circular: empieza con el fin del evento final, después retrocede al comienzo de todo, avanza cronológicamente, y termina en el comienzo del mismo evento final. ¿¡El evento principal no está narrado!? No: me interesaron los planetas que giraban, pero no el sol del centro.

... que las hay, las hay

"Durante la noche, las brujas rodean toda la Tierra con telas de araña. Mantienen con la mano un extremo del hilo y el otro está pegado a todas las puertas del mundo. Si alguien intenta salir al exterior, se mueve la telaraña. Las brujas lo notan y desaparecen en la oscuridad deprisa y corriendo. Por la mañana sólo se pueden ver jirones de telarañas colgando de las ramas y de los picaportes."
En "Ebano", de Ryszard Kapuscinski.

Crónica sobre "La sublevación de la palabra"

Una Ausencia Presente
Recorrido por los pasillos de un laberinto walshiano.

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Desde el 25 de abril, y hasta el 9 mayo, la Universidad de Quilmes aloja la muestra itinerante “Walsh, la sublevación de la palabra”. Pertenece a la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata y al Archivo Histórico del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, y se presenta en recordatorio de los 31 años pasados desde la desaparición del escritor.

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No sé exactamente qué esperaba encontrarme cuando fui a visitar la muestra por primera vez, pero por alguna razón me sorprendió lo que vi. Un laberinto. Paredes altas con fotos enormes que me intimidaron un poco. Rodolfo Walsh, desde todas ellas, deja que le roben un poco el alma.
Superando esa primera impresión, doy mi primer paso en este recorrido.Lo veo leyendo, escuchando, escribiendo. A veces está serio, otras sonríe y se lo nota relajado. De pronto lo encuentro joven y pienso sin filtros que era muy buen mozo. Nunca me había planteado eso. Leí por primera vez a Walsh durante el secundario, sus cuentos policiales de “Variaciones en Rojo”. Me atraparon, me interesaron. Y después me sentí un poco mal cuando supe que él no estaba muy orgulloso de ellos. Luego llegaron otro cuentos, y al fin, “Operación Masacre”. Fue el primer escrito del género no-ficción que leí, y conmovió mis percepciones. Walsh se ubicó en un pedestal que yo observaba desde muy abajo, pero ahora lo tengo frente a mí, sentado en la arena de una playa, jugando con su hija. Siento que invado su privacidad, y giro mi cabeza para mirar otra pared. Me encuentro con una de sus frases, en la que se le escapa una definición del periodismo: “esa búsqueda a todo riesgo, ese testimonio de lo más escondido y doloroso”. La anoto.
Sigo caminando y leo algunos datos biográficos. Rodolfo Walsh nace en el año 1927, en Nueva Colonia de Choele-Choel, en Río Negro. Se dedica definitivamente al periodismo desde 1951, luego de pasar por muy variados empleos y de abandonar la carrera de Filosofía. Sus primeros cuentos son policiales. Y en 1957 llega “Operación Masacre”, la primera muestra de un estilo incipiente e inédito, que más tarde se convirtió en marca registrada.
Me siento un poco tonta cuando me doy cuenta de que experimenté una especie rara de orgullo al leer que escribía de noche y corregía de día, como yo suelo hacer. La coincidencia de costumbres no garantizar el estilo ni el talento, me digo. Y sigo caminando. Quiero ver otra vez una imagen, pero no la encuentro: el laberinto es efectivo, así que me dejo perder.
Walsh con un libro en sus manos, Walsh saludando personas, Walsh escuchando un discurso, Walsh fumando… Walsh opinando sobre las formas de informar de las agencias y sus efectos en las personas, Walsh describiendo miradas como todo escritor desearía poder hacerlo, Walsh confesando que dejó de escribir inhibido por una novia que lo hacía mejor, Walsh reivindicando la importancia de captar los procesos implícitos en su obra, Walsh haciendo una analogía entre una máquina de escribir y un arma… Me detengo. “(…) tenés un arma: la máquina de escribir. Según cómo la manejás es un abanico o una pistola y podés utilizarla para producir resultados tangibles (...) con cada máquina de escribir y un papel podés mover a la gente en grado incalculable. No tengo la menos duda.”
Veo por una de las salidas que hay algo al costado de las paredes. Me salgo del recorrido. Está expuesta la versión gráfica de “Operación Masacre”. A la vista de todos el grito desgarrador: “¡Por mis hijos!”, y el aún peor, “¡¡¡Mátenme!!! No me dejen así… ¡¡¡Mátenme!!!”. En otro extremo, también puede leerse la Carta Abierta a la Junta Militar.
Tres vitrinas exponen objetos materiales de su vida como periodista. Una cámara de fotos, una mochilita de flash, un libro, anteojos. Libros, libros, - más de 20 libros -, anteojos. Más libros, piezas de ajedrez, la portada de un diario que anuncia la muerte de Perón, revistas, una letal máquina de escribir, anteojos. “La sublevación de la palabra” se llama la muestra, y esos anteojos que la ilustran están rotos. Un marco grueso – a veces negro, a veces carey – envuelve dos cristales de forma cuadrada. Uno de los vidrios está astillado, formando un dibujo parecido a una telaraña. Quizás los cristales están rotos por acercarse mucho a realidades filosas. Es el precio de la rebelión de la verdad.
Hay una mesa de ajedrez, con una partida en juego. Las piezas son de las de antes, con una felpita en la base para no rallar el tablero… que sin embargo tiene marcas de estar bastante usado. De un lado, donde imagino a Walsh, un paquete empezado de cigarrillos, y uno, ya apagado, está apoyado en un cenicero. Apuesto a que los cigarrillos restantes no van a durar; y días después lo compruebo. Las piezas de Walsh, las negras, pierden. Su Rey está en jaque. Y lo imagino a él, parado en algún lugar cerca de San Juan y Entre Ríos, el 25 de marzo de 1977, y con la misma sentencia.
Mejor me voy.
Con la sensación aún latente de haberme metido en un mundo intenso, extremo y comprometido, salgo del laberinto. Se rompe la burbuja y estar en la Universidad me parece extraño. El ruido, el movimiento y las corridas, me despabilan. Pienso en la ausencia, en la valentía, y surge una descripción precisa, “no es un héroe de película, sino simplemente un hombre que se anima, y eso es mucho más que un héroe de película”… aunque sé que no soy original con esto.
Tan presente su ausencia, como eterna su obra.

Proceso de mi crónica 1

Me pongo a trabajar con la crónica. No lo planeaba para un futuro inmediato, pero el “plan” que la profe insistió en que hagamos resultó efectivo: me puse a pensar varias cosas.
Tema: los días previos al estreno de Made In Lanús, vividos principalmente por la directora de la obra, Elsa Juarez, una señora de 76 años.
Problemática: la tercera edad, el dinero, el vértigo del día “D”.
Información con la que cuento: entrevista a Elsa Juarez, entrevista a su asistente (Baby Tagnochetti), entrevista a los actores (Eleonora Russo, Mirian López, Jorge Grafigna y Carlos Oberts), entrevista al administrador del teatro (César –insentaré apellido en cuanto lo confirme-), testimonios de espectadores.
Fuentes: Elsa Juarez, Baby Tagnochetti, Eleonora Russo, Mirian López, Jorge Grafigna, Carlos Oberts, César –ídem anterior-, espectadores.
Información que necesitaría: ¿más datos biográficos de E.J.?
Trabajo de campo hecho: entrevistas, observación del ensayo final, observación de la reunión de ajustes, observación del estreno.
Trabajo de campo por hacer: ¿? Se complicará hacer más, dado que la obra ya está fuera de cartel y el elenco era ocasional, o sea que está hoy desbandado.
Sé que en cuanto me ponga a escribir, algo va a salir, porque tengo varias cosas en la cabeza que tengo ganas de narrar. Dudo, sí, de mi capacidad para trasmitir cómo se vivieron efectivamente. Hay miradas que sugieren sensaciones difíciles de describir, pero intensas de sentir. Eso es lo que me gustaría hacer llegar…

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¡Me pongo a escribir!
Decido empezar por lo que fue el final de mi trabajo de campo, o sea, el fin de la primera puesta en escena de la obra. Quiero dar un par de ideas de la sensación general de trabajo cumplido. Por un momento pensé en no hacerlo, porque quitaba la incógnita de si salía bien la obra o no. Es atractiva la intriga de preguntarse eso, pero me parece que, al margen del nivel actoral o del talento de la dirección, lo que es importante es el trabajo que vi, la pasión que invirtieron y cómo pelearon los nervios toda la semana previa. Quedará para algún crítico especializado juzgar el resultado (creo que, además, estaba muy involucrada como para hacerlo yo imparcialmente).
Voy a hacerla con estructura por escenas, en bloques con subtítulos y, si bien empiezo por el final, el resto tendrá una cronología lineal... ¡Vieron cómo aplico lo aprendido! Hasta parece que tengo claro lo que estoy hablando… :-P

Fichaje de Ulibarri

Quería ver si me daba algún lineamiento para las crónicas, así que leí tres de los capítulos de Ulibarri de "Idea y vida del reportaje". (Sonó como que leo si se me canta y no por bibliografía obligatoria, ¿no?)
Bueno, como resultó útil, hice un fichaje muy básico:
Capítulo 2 No sólo inspiración. [pp.43-57]
Los periodistas pretendemos iluminar verdades particulares, casos, situaciones y estados concretos, no postular un enunciado sobre porqué ocurren las cosas, sino explicarlas.
Instinto + Persistencia + Profundidad + Planeamiento + Claridad = mezcla necesaria para obtener un Gran Reportaje.
Lineamiento general para la confección de reportajes profundos: es necesaria una investigación preliminar de las situaciones, luego un ordenamiento de lo que hemos obtenido para poder plantear hipótesis y desarrollar conclusiones. A partir de esto se estructura el contenido.
En 8 pasos:
1. Idea: ningún aspecto de la experiencia del periodista escapa a la posibilidad de convertirse en la idea para un reportaje à siempre hay que estar atentos, son importantes nuestra capacidad perceptiva, la habilidad para relacionar datos, y nuestra inquietud intelectual.
2. Propósito: buscarle a la idea un fin, considerarla en función de algo. Será también más efectiva ver si forma parte de una realidad más amplia.
3. Enfoque: se trata de definir con la mayor precisión posible qué vamos a investigar, qué ofrecemos con nuestro reportaje. Puede ser un enunciado, un interrogante, etc.
4. Investigación: búsqueda de información con base en cierto método. (Herramientas: entrevistas, observaciones, análisis estadísticos, encuestas, incorporarse al tema, etc.) Implica mayor racionalización.
5. Selección: jerarquizar los elementos con los que contamos: 1º, lo indispensable; 2º, lo que respalda a lo 1º; y 3º lo accesorio. Es importante decidir qué se dejará afuera del reportaje.
6. Razonamiento: varía según sea la índole de nuestro trabajo. Se indaga conscientemente las posibles relaciones de causalidad o la ausencia de ellas entre los elementos que tenemos.
7. Armado: el ajuste a las características formales del reportaje, en lenguaje (condicionado por el medio); estructura (orden y secuencia de nuestros elementos, bajo criterios como claridad y compresión); y el estilo y el tono.
8. Presentación.
1, 2 y 3: Definición / Selección temática.
4, 5 y 6: Indagación y consideración del contenido.
7 y 8: Publicación.
Capítulo 6 Una arquitectura viva. [pp.159-189]
Toda entrada (AIDAS):
- atrae la Atención
- suscita el Interés
- aviva el Deseo de información
- incita la Acción de seguir leyendo
- aporta una Sugerencia sobre el contenido
Aproximaciones posibles:
- Plantear un aspecto novedoso e inédito;
- Plantear un enfoque original sobre algo conocido;
- Buscar la novedad y el interés a través del detalle o el estilo.
Tipos de entrada:
- de resumen;
- de sumario;
- narrativas;
- descriptivas;
- de contraste;
- de pregunta;
- de cita;
- de apelación directa;
- deductivas;
- de parodia;
- de suspenso;
- simbólicas.
Capítulo 7 El gran sostenedor. [pp.191-253]
Cuerpo:
- estructura por bloques (con transiciones): puede ser “de valles y montañas”, con un arranque, desarrollo, culminación y descenso en cada bloque.
- contrapunto / dialéctica: por tema o por fuente (esta última deja a lector el trabajo de comparación).
- cronológica: lineal o múltiple.
- por escenas o por casos: necesitará una entrada común, un nexo temático evidente y un cierre común.
- estructura coloquial.

(No) escribiendo la crónica cultural

¡Aaaaah! [leer como grito de desesperación, no de sorpresa ni espanto]
¡¡¡Me está costando mucho la crónica cultural de la muestra de Walsh!!! Creo que no sé hacerla. Primero: no tengo bien claro qué es una crónica cultural. Debe diferir en algo de las crónicas que estuvimos haciendo, y supongo que necesita mayor trabajo descriptivo, dado que estamos hablando de algo que vimos. Segundo: hay muchos ingredientes extra que la profe pidió que agreguemos. A saber: citas de las paredes, datos biográficos, descripciones (imagen u objeto), cita de algún texto de o sobre Walsh (no de la muestra), y retomar un rasgo estilístico de la escritura de Walsh. Tercero: tengo una especie de bloqueo frente a la hoja en blanco. (Independientemente de qué es lo que tenga que escribir, y, no desesperen [¡?]: es algo temporal).
Probé distintos comienzos:
- el informativo: “Desde el 25 de abril, y hasta el 9 mayo, la Universidad de Quilmes aloja la muestra itinerante “Walsh, la sublevación de la palabra”. Es presentada por la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata en recordatorio de los 31 años pasados desde la desaparición de este escritor. (…)”
- el experiencial: “No sé exactamente qué esperaba encontrarme cuando fui a visitarla por primera vez, pero por alguna razón me sorprendió lo que vi. Un laberinto. (…)”
- el que (intenta) imita(r) el comienzo de “Kimonos…”: “Aunque obviamente es equivocado, me fui con la sensación de haber conocido una parte de Rodolfo Walsh que estaba oculta. Sólo me había contactado con el lado intelectual de este personaje, y verlo en ciertas de las imágenes expuestas, me hizo sentir que espiaba algo que se suponía, era privado. (…)”
Pero la hoja indefectiblemente vuelve a su estado virginal. Me siento un tanto frustrada.
Él mismo aconsejó, en “Teoría General de la Novela”: “Ser absolutamente diáfano. Renunciar a todas las canchereadas, elipsis, guiñadas, a los entendidos o los contemporáneos. (…) Escribir para todos. Confiar en lo que tengo para decir, dando por descontado un mínimo de artesanía.”

De viejos hábitos y otras yerbas

Algo que quiero cambiar de mis costumbres al escribir es lo siguiente: cada vez que voy a exponer una teoría que yo alcancé a concluir, me aseguro de anteponer un verbo que indique subetividad. "Creo", "pienso", "entiendo", "concluyo", "me parece", "siento"...
No pretendo ubicar mis ideas a la altura de las de quienes dedicaron una vida a la investigación para llegar a sus conclusiones, pero (me parece que) es relevante que como (aspirantes a) escritores confiemos en nuestro propio juicio.
Tenemos que hacer un camino y vamos a ir econtrándonos con pequeñas metas alcanzadas. Es importante dar cuenta de los descubrimientos. Y si estos estaban equivocados, es sólo cuestión de corregirnos con humildad.
Al menos, eso creo / pienso / siento / concluyo / entiendo / percibo / supongo yo.
Esta fue una nota con muchos tácitos.

Música para camaleones

El otro día leí el prefacio de este libro de Truman Capote. Fui tomando notas a medida que avanzaba y esto escribí:
"Esta especie de recorrido en la escritura que narra Capote es, en sí mismo, un texto exponente del estilo que llegó a 'crear'.
Es sorprendente la lucidez y disciplina con la que se introdujo en la literatura, de forma, según narra, autodidacta. Y es interesante tomar ciertos consejos que se desprenden de sus propias experiencias. Por ejemplo, la importancia de la ejercitación de las descripciones. Lo cual quizás no hacía con un conocimiento contemporáneo de que iban a servirle, pero después supo verle su valor. También, la relevancia de la experimentación, no sólo para ampliar nuestros recursos a la hora de tomar un papel, sino para conocer nuestras propias limitaciones de géneros.
En este juego al que asiste todos los días, se propone desafíos desde la técnica. Como cuando refiere a esa novela que leyó de Lillian Ross, que le hizo pensar en cambios del manejo del tiempo del relato. Le preocupa la organización de la propia escritura, quiere encontrar la forma de demostrar todo su potencial en un solo texto.
Hace una buena definición del género que inventó: 'quería realizar una novela periodística, algo a gran escala que tuviera la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa, y la precisión de la poesía.'
Aunque amigablemente, ¡le pasa factura a Mailer!
Genial el cierre: 'aquí estoy en mi oscura demencia, absolutamente solo con mi baraja de naipes y, desde luego, con el látigo que Dios me dio'.
El peor crítico es uno mismo."
A la noche, en clase, leímos uno de los capítulos, el que le da el nombre a la publicación. Y tomé estas notas:
"Nunca dice el nombre de la mina.
Empieza in media res.
El espejo no es casual. Lo introduce como una burla a los escritores que gastan espacio en descripciones pero luego lo utiliza para ervelar introspecciones y contradicciones internas y externas. Va de los superficial a lo místico. (Después la profe sumó un comentario mucho más completo e interesante sobre este espejo)
Lo de los muertos que trabajan en Haití es una referencia a una de las películas que narran en 'El beso de la mujer araña'."
Esta entrada resultó un refrito de apuntes. No todos los días soy genial. Je.
¡Es más! Esto no es en vivo. Lo escribí en lo que será el ayer del día en que se publique.