Reflexión sobre el género Narración

O “Había una vez… un cuento clásico”

¡Antes era tan fácil definir al cuento!
Texto de ficción que consta de tres elementos: introducción, nudo y desenlace.
Al menos, eso dice mi libro de Lengua de la primaria. Pero resulta que no es estrictamente eso.
Alvarado y Yeannoteguy dicen que el cuento tradicional (fundamentalmente oral) seguía, de cierta forma, este estándar. Estaba compuesto generalmente por la partida del héroe, el encuentro con una prueba, la obtención de ayuda mágica, el regreso triunfal, y finalizaba muchas veces en casamiento. La reproducción de este esquema hacía fácil memorizar y repetir las historias. El cuento era muchas veces una metáfora o un reflejo directo de la sociedad, y solía dejar un consejo implícito. 1
Walter Benjamin también menciona el papel del consejo en las narraciones. Este autor plantea que el arte de narrar está llegando a su fin: “En todos los casos, el que narra es un hombre que tiene consejos para el que escucha. (...) El consejo es sabiduría entretejida en los materiales de la vida vivida. El arte narrar se aproxima a su fin, porque el aspecto épico de la verdad es decir, la sabiduría, se está extinguiendo.” 2
Piglia también conecta al cuento con la experiencia, pero no únicamente del escritor / narrador, sino que incluye al lector: “Todas las historias del mundo se tejen con la trama de nuestra propia vida. Lejanas, oscuras, son mundos paralelos, vidas posibles, laboratorios donde se experimenta con las pasiones personales.” 3
Si recordamos los cuentos que nos leían o leíamos de chicos, no va a ser difícil encontrarles una moraleja a cada uno. Pero esa característica de las narraciones fue perdiendo peso a través de la evolución del género.
Pero volvamos a esa división básica de introducción ~ nudo ~ desenlace. Mientras que el cuento oral tradicional que describimos recién se adaptaría sin mayores ajustes a esta estructura, el cuento de hoy, no tanto. Mientras que la aparición de un desequilibrio y su resolución es el centro del cuento tradicional, el cuento moderno (¿Está bien decirle moderno o debería ser posmoderno? No es retórico.) muchas veces se limita a narrar el momento en que se instala la incomodidad del desequilibrio. No vamos a alejarnos muchos para ver ejemplos: los cuentos que leímos para este bloque son piezas claras – en especial los de Carver. Dejan al personaje hundido en un punto muerto. ¿Cómo saldrán? No lo sabemos. Es difícil asegurar siquiera si lo lograrán.
¿Qué cuentan los nuevos cuentos? Según Ricardo Piglia, dos historias. La historia 1 es el relato superficial, de acceso inmediato, la 2 debe estar entretejida en la primera, de modo fragmentario. El final de estos relatos basa su efecto de shock en una revelación epifánica, que salta de la página a nuestro ojos. Pero ese dato siempre estuvo ahí: había pistas e indicios. Sólo que, concentrados en lo que se veía más cerca y más fácil, no atinamos a atar los hilos sueltos hasta que la cuerda nos ahorca sola. 4
Siguiendo esto, y combinándolo con lo que dicen Alvarado y Yeannoteguy, nada sobra en un cuento. Cada información y detalle algo significará en la resolución de la historia (y con resolución no quiero decir solución). Barthes hablaba de funciones cardinales, aquellas que aparecerían en una síntesis del relato; y de catálisis, que demoran la consecución del relato y crean suspenso. También pueden ser indicios de la resolución. 5
Tan importante como dar esos indicios es saber guardar información. Puede ser por dos motivos, o bien no es pertinente y dilataría innecesariamente a la historia; o puede ser un recurso para generar intrigas, como hace Salinger. En las notas de lectora de sus cuentos, enumeré ciertas preguntas que me iba haciendo a medida que leía la conversación telefónica entre Muriel y su madre en "Un día perfecto para el pez plátano". ¿Qué había hecho Seymour con los árboles? ¿Qué hizo con las fotos de Bermudas? ¿Qué es el asunto de la ventana? ¿Tiene Seymour o no un tatuaje?
¿Importa al fin del cuento? Salinger decidió en su momento que quedara librado a la imaginación del lector, pero mi punto es que no dudo de que él tenía todas las respuestas.
El último tema que quiero abordar es el de la verosimilitud del cuento. Alvarado y Yeannoteguy citan la existencia del pacto ficcional que plantea Umebrto Eco. Este es un acuerdo tácito al que accede el lector de un cuento: no va a juzgar la veracidad de lo que se narra en el cuento que lee. A cambio, pide que sí sea verosímil. 6 Muchas veces, lo que puede ser verosímil, y lo que no, depende del género del cuento. Pero yo creo que hasta esos límites se pueden romper si se tiene el talento necesario. El lector bien predispuesto se presta a que lo lleven de paseo por recónditos lugares, aunque sólo si el escritor maneja bien.

1 Alvarado, Maite y Alicia Yeannoteguy: “La narración”. En La escritura y sus formas discursivas – Curso introductorio. Eudeba, Buenos Aires, 1999. pp. 38-42.
2 Benjamin, Walter: “El narrador: Consideraciones sobre la obra de Nicolai Lescov”. En Sobre el programa de la filosofía futura. Planeta de Agostini, Barcelona, 1986. Apartado IV.
3 Piglia, Ricardo: “Tesis sobre el cuento”. En Formas Breves. Temas, Buenos Aires, 1999. pp. 116.
4 Ídem 3, pp. 91-100.
5 Ídem 1, pp. 47-50.
6 Ídem 1, pp. 50-58.

1 comentarios:

María del Mar dijo...

Me hiciste acordar, nunca te respondí acerca del cuento de Hemingway. Lo leí, pero no me dio la misma sensación que a vos. Me pareció que apuntaba a otro lado. Quizás en otro momento lo lea con más calma (y en español, si lo consigo).

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