Sigo leyendo ensayos

Estuve leyendo tres ensayos de Calvino.
Lo primero te tengo que decir es que si nadie me hubiese dicho que eran ensayos, les hubiera puesto la etiqueta (evidentemente apresurada) de crónicas culturales. Él visita distintas exposiciones y entreteje con las descripciones de lo que ve, reflexiones propias que le despiertan y anécdotas históricas que conoce y se relacionan. En “Colección de Arena”, está en una exposición de colecciones raras y esta cantidad de frasquitos llenos de arenas tan distintas como parecidas le despiertan preguntas acerca de la persona que los coleccionó y porqué lo habrá hecho. Y de ahí reflexiona sobre las colecciones en general, sobre las personas detrás de ellas. En “Qué nuevo era el nuevo mundo”, visita la exposición “América vista desde Europa”. Parte entonces de la idea de descubrir un nuevo mundo y se pregunta si hoy seríamos capaces de verlo, de notarlo a pesar de nuestras preconcepciones y categorías asumidas convencionalmente. Recorre anécdotas históricas y descripciones de las pinturas, grabados y objetos que ve, y condimenta todo con reflexiones acerca de la relación de Europa con América a través de la historia (¿o lo primero condimenta a esto último?). Finalmente, “El museo de los monstruos de cera” es resultado de su visita al “Grand Musée anatomique-ethnologique du Dr. P. Spitzner”, una exposición de figuras de cera de deformaciones y enfermedades humanas, y por otro lado, de personas de etnias lejanas. Calvino hace historia del Dr. Spitzner, del interés morboso, del museo en sí; y describe, más que lo que ve, lo que evita ver. “Fantasía sádico surrealista”, caracteriza. Y reflexiona sobre el valor de la diferencia física, y qué puede aportar esta exposición a ese concepto.
Me da la sensación de que lo que hizo Ítalo Calvino fue tomar como punto de partida estas exposiciones para dejar que sus ideas viajen a dónde quieran. Tomó nota de los disparadores pero dejó que hagan su propio camino. Aunque dentro de un marco común, tampoco es una colección de desvaríos. Sigo pensando que son crónicas, quizás más subjetivas aún que otras. Las llamaría “crónicas culturales reflexivas”.
Me gusta esa facilidad que tiene para hacer que fluyan sus apreciaciones entre los datos fácticos o las descripciones. Está todo como trenzado: no hay divisiones temáticas; ni se maneja con una estructura de introducción, planteo, conclusión, introducción, planteo y conclusión (y repetir tantas veces como necesario). A pesar de que toca diversos temas por texto, logra que se desarrollen de forma bien fluida. Eso va a costarme en mi ensayo. Leo mis textos y veo que podría marcar en donde empecé un tópico y lo cerré; y en dónde introduje otro y hasta dónde duró.
Sigo decidiendo el tema ...

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