La Lengua de Señas Argentina

Entrevista a Denise Trovato, Directora del Instituto Quilmes de Lengua de Señas
Ser sordo en Argentina
No poder escuchar ni hablar en un país en donde se recuerda la discapacidad con fines proselitistas o se recurre a una lengua por su valor estético.

“Son pocos los sordos, no tiene demasiada movida en Argentina. Son minoría, no interesa.” Así define Denise Trovato, Intérprete de Lengua de Señas Argentina (LSA) y Profesora de Sordos de nivel inicial y primario, a la sociedad argentina.
En nuestro país hay más de 3 millones de personas no oyentes, entre sordos, hipoacúsicos y deficientes auditivos; y cada año se agregan 15 mil a esta lista. Sin embargo, la lengua de señas, el medio más eficaz que ellos poseen para expresarse y hacerse entender, no está nacionalizada. “Es importante que se nacionalice la lengua de señas para uniformar y establecer un acuerdo en las señas para cada palabra. Hay palabras que en Buenos Aires se signan de una forma, y en Jujuy o Córdoba de otras maneras. O hay palabras que tienen seña en una región y no en otra. Lo que hoy existen son dialectos y es necesario un acuerdo que posibilite la creación de un diccionario nacional, y un establecimiento de plan de estudios.” El 28 de septiembre pasado, se realizó en todo el país una marcha con este objetivo. La oficialización y nacionalización de la LSA implicaría su aceptación como lengua, la creación de un plan de estudios y una ley que la ampare. Existen tres proyectos de ley al respecto archivados hace años en los cajones del Senado de la Nación.
“Argentina, como sociedad, no le ofrece ningún recurso al sordo. Sin embargo, desde grupos minoritarios, sí, te puedo decir, porque tengo el curso de lengua de señas y hay gente que viene a aprender porque se quiere comunicar. Pero a la sociedad no le interesa.” Excepto, claro, en aquellos momentos en los cuales los políticos se acuerdan de todos: “Sí queda lindo cuando están en campaña: al sordito me lo traigo, o interpreto y gano votos o espacios. O subtitulan las propagandas. Pero durante el resto del mandato, no. No todas las publicidades de la Presidencia de la Nación están subtituladas, ni siquiera los programas de cultura general de canal 7.”
También hay artistas que han interpretado sus espectáculos para el público sordo. Pero, Denise destaca, se hace porque “queda lindo” y no a conciencia. “No se interpretan las metáforas, entonces se pierde el fin de dirigirlo a los sordos. El sordo no comprende. Además, no están interpretados los espectáculos completos, solo segmentos. Se hace para vender al sordo. Queda lindo, se muestra que no discriminás.” Patricia Sosa, por ejemplo, hace años presenta su versión signada de “Aprender a volar”: “Soy muy crítica de Patricia Sosa. No me gusta. La canción que hace no está interpretada: es castellano signado. El sordo puede entender cada palabra suelta, pero cuando la palabra aprender está conectada a la palabra volar, no entiende qué es. Una persona no puede aprender a volar con sus manos porque no tiene alas. En cambio, si uno explica qué significa esa metáfora de aprender a volar, el sordo entiende. Ella no lo hace a conciencia, sino porque visualmente está bueno.”
Nuestro país, junto al resto del mundo, avanza sin embargo a pasos agigantados en materia de tecnología, y eso ha abierto puertas entre sordos y oyentes: “Desde que apareció todo lo que tiene que ver con Internet, el e-mail, los mensajes de texto, creo que están más socializados con el oyente. Antes de que apareciese todo esto la conexión no existía: la comunicación estaba cortada del mundo del oyente. Ahora no: se pasan los e-mails, se mandan mensajes, inclusive con una camarita, un sordo de Jujuy se puede comunicar con uno de Buenos Aires en lengua de señas. Y yo creo que el 90% de los sordos tiene celular, para comunicarse con mensaje de texto.”
Es importante que la LSA no se subestime: es el único medio que los sordos pueden aprovechar a la perfección y en profundidad para entenderse, y desarrollar una vida normal. “Es una cultura.” Afirma Denise Trovato, “No se la toma como tal, pero es una cultura.”

Por María del Mar

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