Sobre los Diarios (Íntimos) de Escritores

[¿Se notó que me tomé julio? :-P]
Estoy leyendo el libro “Ese Hombre Y Otros Papeles Personales”, de Rodolfo Walsh. Es una compilación de notas privadas, borradores y textos inéditos. No son cosas que Walsh escribió pensando en que serían publicadas, sino que alguien (Daniel Link) las compiló y las editó; post-mortem de su autor.
Asumo que habrá obtenido permiso de sus familiares.
Sin embargo, me pregunto ¿es ética este tipo de publicación?
Este espacio que yo elegí ocupar en la web pretende ser un Diario de Escritora. Pero yo escribo, edito, selecciono y publico según mi criterio. Y elijo no incluir en los textos circunstancias privadas o íntimas. Cuando me topo con libros como éste que menciono, no puedo evitar preguntarme si su autor hubiese aprobado la publicación.
No cuestiono su valor. Introducirme en su mundo íntimo, menos estructurado y más espontáneo, me deja entender un poco más a la persona detrás del escritor. Sin embargo, siento que invado una parte de su vida que él no pretendía exponer.
Llevo un diario íntimo hace años y cuando se me cruza la fantasía de si alguien estaría interesado en leerlo, sé que no lo permitiría. No sin revisar, cortar, editar primero. Y no hablo de censura, sino de saber preservar la línea entre lo privado y lo público, lo íntimo y lo que puede ser expuesto. Es sano guardarse cosas, tener secretos o experiencias de vida que nadie más que uno conoce.
¿Querría Rodolfo Walsh que nos enteremos de sus aventuras con una prostituta menor de edad embarazada? [Me parece pertinente aclarar que el encuentro no se consuma] No lo creo. Y trato de no juzgarlo, porque él habla de esa situación de la misma forma que todos los que llevamos un diario íntimo volcamos al papel problemáticas privadas con la esperanza de que su materialidad en palabras sirva para aclarar nuestros planteos íntimos. No lo escribimos ni alardeando, ni pensando en un lector más allá de nosotros mismos, quizás en otro tiempo.
Es posible que esta nota no sea más que una gran contradicción. Digo, empiezo diciendo que estoy leyendo el libro. Y aún lo hago y pienso terminarlo. Porque ya dije también, es tentador conocer la otra cara de los escritores. Entonces me planteo el lugar del lector de estos textos. ¿Cómo debe comportarse? Todas las personas tienen derecho a una vida privada. En la ocasión de tener acceso a la de los demás, ¿se la juzga? ¿se la valora? ¿se la divulga?
Me parece que a estos textos se los debe abordar desde el respeto que merecen: sabiendo que implican una invasión, y que, por lo tanto, no se nos ha cedido el derecho a opinar.
Y es desde aquí que problematizo estos diarios publicados un poco indiscriminadamente.

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