A Flor de Piel

María del Mar Galant
Universidad Nacional de Quilmes
ISSN: 1852-0308
Publicación online

A flor de piel:
El tatuaje a principios del siglo XXI

Introducción

Tatuaje: m. decoración de la piel con dibujos indelebles, mediante la introducción en la dermis de sustancias colorantes que no pueden ser totalmente eliminadas por la piel. 1

La última evidencia sobre la antigüedad de la práctica de los tatuajes es “la momia de Similaun”, hallada dentro de un glaciar a principios de los ’90. Estudios científicos revelaron que el cuerpo pertenecía a un cazador que vivió en el período Neolítico de la historia. Esta persona, que murió hace más de cinco mil años, tenía tatuadas líneas y puntos en su rodilla izquierda y espalda. Esto indica que la práctica del tatuaje ha acompañado al hombre desde antes que la escritura.
En Argentina, según investigaciones del Diario Clarín 2, por cada persona que se tatuaba en la década de 1990, más de cinco lo hacen hoy. Los estudios de tatuadores, antes territorios reservados para la marginalidad, son hoy sitios populares a los que acuden individuos de todas las clases sociales y edades. La Asociación de Tatuadores y Afines de la República Argentina (ATARA) en los últimos años la demanda de tatuajes ha crecido un 500% y los estudios se han multiplicado considerablemente. Si bien esta Asociación pretende organizar un registro de nacional de tatuadores, pero calculan que sólo el 30% de las personas que actualmente ejercen la profesión se ha acercado a inscribirse. No existen cifras oficiales.
Nos proponemos en las siguientes páginas explorar el fenómeno a fines de aproximarnos a una gama de categorías que puedan servir como básicas al momento de justificar su desarrollo. A es fin, abordaremos nuestra muestra de testimonios desde la tensión entre cultura e identidad. Contamos como muestra con 35 entrevistas realizadas durante el otoño de 2008 a personas que se han tatuado durante la primera década del siglo XXI. Sumamos a ese material testimonios y opiniones recogidas de distintos foros de Internet. Todas las personas citadas viven en la ciudad de Buenos Aires, y sus edades oscilan entre los 14 y los 65 años. Sus nombres se mantendrán en reserva – excepto en caso de autorizar lo contrario - por cuestiones de privacidad.
Es nuestro interés centrar este estudio en el escenario que Omar Rincón describe como una cultura visual. “Todo está para ser visto, hasta los cuerpos. Nos encontramos en una cultura en que la imagen se proyecta como protagonista central de la cotidianeidad.” 3

Conceptos de Partida
La última década encuentra una América Latina descentrada, deshistorizada y desterritorializada. Martín Barbero la describe como incómoda en/con la Modernidad, y caracteriza ese malestar como la conjunción de: el descentramiento de las fuentes de producción de la cultura (de la comunidad a los aparatos especializados); la fragmentación de las comunidades; la sustitución de las formas de vida de la tradición por las generadas por el consumo y la secularización e internacionalización de los mundos simbólicos.4 Para analizar nuestro fenómeno, nos interesa indagar en los últimos dos puntos que menciona el autor.
Partiremos del concepto de cultura que define Gilberto Giménez, quien la entiende como “la organización social del sentido, interiorizado de modo relativamente estable por los sujetos en forma de esquemas o de representaciones compartidas, y objetivado en ‘formas simbólicas’, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados”5. Este autor define a su vez la identidad como el lado subjetivo de la cultura, construida por cada actor social a partir de la apropiación de determinados repertorios culturales. Estos serán diferenciadores hacia fuera, y definidores hacia adentro.6 La identidad es entonces un atributo relacional, ya que requiere ser reconocida por los otros para que exista.
Considerado esto, Giménez señala dos tipos de atributos caracteriológicos: los de pertenencia social (que identifican al individuo en categorías o grupos); y los particularizantes, que lo hacen individualmente único.7
Entendemos a los tatuajes como atributos caracteriológicos del actor social. Particularizantes, en tanto cada tatuaje es único (como también lo es cada cuerpo en particular); y como de pertenencia social, en tanto sirve de símbolo de identificación en ciertos grupos. Se retomará esto último más adelante.
Nos interesa vincular este aspecto con las ideas de Anthony Giddens referentes al cuerpo. Él lo define como “un objeto en el que todos tenemos el privilegio, o la fatalidad, de habitar (…) es un sistema de acción, un modo de práctica, y su especial implicación en las interacciones de la vida cotidiana es parte esencial del mantenimiento coherente de la identidad del yo”8 Distingue luego los aspectos del cuerpo que se relacionan con la identidad: la apariencia, la manera de actuar, la sensualidad, y los regímenes a los que está sujeto el cuerpo.9
La apariencia corporal refiere a todas las características superficiales del cuerpo. Esto no sólo incluye al físico, sino también la forma de vestir y de arreglarse: todo aquello que es visible para el individuo y para el resto de las personas. En muchas situaciones, la apariencia sirve como un índice de la identidad social, es decir, de género, posición de clase y categoría ocupacional. Sin embargo, el modo de verse, de adornarse, de vestirse, puede ser un medio de individualización. “La apariencia se convierte en el elemento fundamental del proyecto reflejo del yo”10 dice el autor. El proyecto reflejo se hace presente una vez desaparecido el formato de las culturas tradicionales, que poseían características que casi no cambiaban con el paso de las generaciones. Este es entonces el nombre que Giddens le da al proceso de exploración y construcción del yo que se realiza para vincular el cambio personal con el cambio social, dado que ya no existen los ritos de paso que en otros tiempos marcaban los cambios de forma explícita.11
Volveremos a Martín Barbero para relevar ciertas consideraciones sobre la concepción del tiempo. El tatuaje es, como se estableció en su definición, indeleble. Existen métodos de remoción, pero ninguno es completamente efectivo, además de ser dolorosos y costosos. Es importante entonces considerar su carácter de irreversible. Martín Barbero describe la actualidad como una época en la que la estrella es el “tiempo presente”12. El desinterés por el pasado, consecuente de la deshistorización y desterritorialización de las sociedades, sumado a la incertidumbre extrema acerca del futuro (dirá Rossana Reguillo “[los jóvenes] saben que la sociedad no reserva lugar para ellos”13), dejan como único espacio de veracidad al “ahora”. Sin embargo, todos nuestros entrevistados dijeron haber pensado en ellos mismos “viejos” con su tatuaje, pero no les preocupa. Dice Y., de 24 años: “Toda mi generación está tatuada, a nadie le va a importar cuando seamos grandes que tengamos tatuajes.”
Este mismo aspecto preocupa al sociólogo Diego Raus: “Hay dos planos de análisis, el de las identidades sociales y el de las personales: por un lado, la gente tiene menos afiliaciones sociales. Antes había instituciones (…) que generaban sensación de pertenencia y todo eso se fue perdiendo en los últimos años. En cuanto al plano personal, antes los individuos construían una identidad alrededor de un mercado de trabajo, (…), campos que generaban horizontes de vida... Todo lo que se fue desarticulando provoca una crisis de identidad. En un sentido, entonces, el tatuaje viene a reforzar esa búsqueda.”14

Breve recorrido geográfico e histórico
Partiendo entonces de la teoría de Giménez, que aconseja no entender nunca la cultura como algo homogéneo, estático o inmodificable, a continuación expondremos distintos repertorios de significados que asume el tatuaje a lo largo del tiempo y en diferentes lugares. Nos interesa observar zonas de estabilidad y otras de cambio.
Se han encontrado en Egipto momias tatuadas. La más conocida es Amunet, una sacerdotisa de la diosa Hathor, que vivió en Tebas alrededor del 2000 a.C. En esta región, el tatuaje se relacionaba con el erotismo, y era practicado casi exclusivamente por mujeres, para demostrar valentía y madurez. Se caracterizaba por diseños gruesos lineales y de color negro y las técnicas principales eran la punción, la sutura y la cicatriz por corte o quemadura.
En Roma y Grecia, se lo utilizaba para marcar a los prisioneros. Roma detuvo la actividad cuando el Emperador Constatino (primer emperador cristiano), decretó en contra, ya que los suponía sinónimos de idolatría y superstición.
Los Maoríes de Nueva Zelanda, al igual que varias poblaciones británicas, los utilizaban para asustar a sus enemigos en batalla. Pero además era para ellos un símbolo de identificación e identidad: el dibujo tatuado se llamaba Moko y cuando debían firmar algún documento, lo reproducían. El proceso de tatuado duraba meses, porque los diseños eran muy elaborados.
En Japón, el tatuaje tuvo un buen comienzo: en el año 500 d.C. adornó el cuerpo del primer emperador. Sin embargo, luego se reservó para quienes habían cometido crímenes graves. Aquellos que estaban tatuados eran aislados hasta de sus familias, sin ninguna participación en la vida comunitaria. Pronto los tatuajes fueron adoptados como marca de la mafia Yakuza, entendiendo cada característica de la práctica como símbolo de sus ideales: era doloroso, para mostrar su valentía; era permanente, como su lealtad; y era ilegal, lo cual los convertía en marginales para siempre. Sus tatuajes, practicados desde finales del siglo XVII, eran muy grandes, muchas veces de cuerpo entero, y mostraban héroes legendarios, motivos religiosos, decoraciones florales, lunas, paisajes, animales, dragones, y fondos de olas, nubes o rayos. Se le conocía como Irezumi. Cada diseño se asociaba con un atributo de la persona que lo poseía, y se hacía a mano, por medio de una estaca de madera a la que se le añadían hasta 12 agujas: mientras se estiraba con una mano la piel, con la otra se daban golpeteos rítmicos en el área a tatuar. Este arte se fue extendiendo en todo Japón, hasta que en 1842 el emperador Matsuhito lo prohibió: se estaba dando la apertura hacia occidente y no quería dar imagen de salvajismo. Al contrario de lo que creía, los mismo extranjeros admiraron la técnica y comenzaron a frecuentar el territorio sólo para tatuarse allí.
Sin embargo, el tatuaje considerado más artístico del mundo fue el que hacían los habitantes originarios de la Polinesia. Los hombres se tatuaban a edades tempranas, como modo de ornamentación. Los diseños, generalmente muy elaborados y geométricos, eran embellecidos y renovados durante toda la vida de la persona, hasta cubrirle el cuerpo entero. En su libro Travels Marco Polo comenta que el respeto hacia una persona se medía por la cantidad de tatuajes que poseía. En Samoa – región también perteneciente a la Polinesia -, tatuarse es una experiencia obligatoria para marcar etapas de la vida (adolescencia, juventud y madurez). Se lo vinculaba con el compromiso del hombre cabeza de familia. Quienes no estaban tatuados eran llamados “estómagos amarillos”: irracionales. No podían cortejar a ninguna mujer. Mostrar el coraje de tatuarse, cumplía una prueba de paciencia y resistencia, capacidades para convertirse en jefe. Representaba nacionalismo, armonía, responsabilidad y conciencia.
En la Baja Edad Media, los hombres pertenecientes a algún gremio de artesanos, solían tatuarse la herramienta que utilizaban para realizar su oficio.
Nativos de América Central, se tatuaban imágenes de dioses o dibujos representativos de batallas ganadas. Los Aztecas también los utilizaban para exorcizar demonios.
El tatuaje en Occidente
La difusión en Occidente de la práctica del tatuaje estuvo en manos de los marineros del Capitán Cook, reconocido explorador. En sus diarios de viaje describieron las prácticas realizadas en la Polinesia y Nueva Zelanda, y lo practicaron entre ellos a bordo. Ya en el puerto, lo esparcieron entre otros marineros y llegaron a asentar locales de tatuajes en las cercanías. La tradición que iniciaron indicaba que el ancla tatuada en el brazo, impedía que el marinero quedase a la deriva en caso de caer al mar.
El primer estudio de tatuajes fue establecido en Nueva York por el alemán Martin Hildebrandt en el año 1870. Veinte años después, su mayor competidor, Samuel O’Reilly, inventó, en una jugada maestra inspirada en una máquina de Thomas Edison, la máquina de tatuar.
En 1900 ya había estudios de tatuadores en las ciudades más importantes del mundo. Pero fue entre 1940 y 1970 que el tatuaje se asentó en las distintas sociedades occidentales, estando relativamente al alcance de todos.
En los tiempos de las guerras mundiales, los tatuajes tenían entre los soldados un sentido patriótico, de pertenencia y compañerismo. Luego, las bandas de “motoqueros” en los Estados Unidos de la posguerra, hicieron de su modo de vida la ecuación: tatuajes más alcohol más viajes en motocicleta, - es relevante al respecto que muchos de sus integrantes eran excombatientes. En la década de los ’50, el rock and roll creó la forma “rebelde” de vivir, que incluía entre los jóvenes al tatuaje como emblema. En los ’60 y ’70, el tatuaje respondía a ideas de inconformismo político. El hippismo también lo adoptó como forma de arte en el cuerpo, y se reprodujeron diseños coloridos y mensajes comprometidos con su filosofía. En los ’80, las drogas se sumaron a las disputas políticas y a los reclamos sociales en los diseños más adquiridos. Y en los ’90 el tatuaje fue creciendo hasta masificarse como accesorio de última moda.

El Tatuaje Hoy en Buenos Aires
Como diría Giménez, y más que nunca en el fenómeno que tratamos, “estamos sumergidos en un mar de significados, imágenes y símbolos”.15
Al respecto de las elecciones y los estilos de vida, Giddens plantea: “Somos responsables del diseño de nuestros propios cuerpos, y en cierto sentido, (…) nos vemos forzados a serlo cuanto más postradicionales sean los ámbitos sociales en los que nos movamos.”16
Como ya mencionamos antes siguiendo a Giménez, la identidad es un proceso subjetivo que consiste en la apropiación, por parte del individuo, de un repertorio de atributos culturales socialmente valorizados. Hemos establecido que consideramos al tatuaje como un atributo de pertenencia social y particularizante al mismo tiempo. Entendemos eso porque la práctica es “socialmente compartida” (por el alto número de personas tatuadas), pero también “individualmente única” (porque cada tatuaje es único e irrepetible).
Muchos de nuestros entrevistados se mostraron reticentes a explicar el significado de su tatuaje. Esto nos sugiere que no siempre el tatuaje pretende ser explícito y universal, y por consiguiente, muchas veces está pensado como un rito privado. En muchas ocasiones, entonces, su significación está cifrada. Sólo los privilegiados accederán a su interpretación. Diría Omar Rincón que el comprender produce el placer encerrado en esta costumbre: “La obra cobra sentido en el momento en que es comprendida, es entonces cuando sobreviene la claridad y lo oculto de la obra se desvela y se muestra como portadora de un significado.”17
Se desarrollarán a continuación ciertas categorías que parecen ser básicas a la hora de responder la incógnita ¿Por qué decidió tatuarse? No se considera que sean absolutas de ningún modo: la mayoría de las experiencias es resultado de la hibridación de dos o más de ellas.

El tatuaje como expresión artística
“Para mí, el arte no se limita a pintar un papel, y el cuerpo puede ser una buena tela”18. “Para mí es una forma de llevar el arte siempre en mi cuerpo”19. La piel es un lienzo. Y para quienes así la consideran, el interés reside en la belleza de las formas, los colores y los diseños que se pueden aplicar.
Muchos de aquellos que se inscriben en esta categoría son los tatuadores. Consideran su trabajo una expresión artística más, y, en sus comienzos, suelen practicar en su propio cuerpo. Algunos poseen incluso su propia firma (un detalle gráfico, por supuesto) que tatúan en cada uno de sus trabajos originales.
Como describe García Canclini en Culturas Híbridas: en una época en la cual el arte ya no se encuentra sólo coleccionada en los museos u otros sitios destinados a ese fin 20, podemos cruzarla en la calle estampada en la piel de una persona.
El tatuaje por su voluptuosidad
El tatuaje es una práctica que se lleva a cabo trabajando sobre el cuerpo de una persona realizando pequeñas heridas. El proceso de un tatuaje promedio consiste en un delineado inicial utilizando de tres a cinco agujas que penetran dos milímetros de la dermis, unas 2.000 veces por minuto. Luego, se realiza un sombreado, en el cual las agujas realizan una penetración menos profunda. Finalmente, la aplicación de color se hace de oscuro a claro. En este proceso, así también en el sombreado, la cantidad de agujas que se utilizan asciende a diez, y la zona sangra, por lo cual hay que detenerse periódicamente a limpiar. El cuidado del tatuaje recién hecho es como el de cualquier herida que está cicatrizando: se aplican cremas, vaselina, no se lo expone al sol, se lo desinfecta y no se lo debe tocar.
A pesar de que la cantidad es mínima, existen personas que adquieren tatuajes por el placer que les causa el proceso. La piel es, después de todo, la zona erógena más extensa del cuerpo, y el dolor es cualidad de ciertos placeres.
Dice la psicoanalista Silvia Reisfeld que el dolor no conforma un factor disuasivo a la hora de tomar la decisión de tatuarse. Según ella, “(…) el dolor en sí mismo ha pasado de ser un componente importante para canalizar la subjetividad en una sociedad que tiende a anestesiar al sufrimiento psíquico.”21
El tatuaje como duelo
Según la psicoanalista ya citada, la práctica del tatuaje se apoya sobre dos ejes: la identidad y el procesamiento de distintos duelos que se atraviesan a lo largo de la vida. La sociedad actual no contiene al individuo en crisis ni ofrece canales simbólicos para inscribir estas problemáticas: la persona entonces “tramita sus propias experiencias a través de un medio más tangible y modificable como es el propio cuerpo”.22
“Hubo una persona para mí, en algún momento, que fue muy importante. Por eso decidí llevar ese recordatorio suyo para siempre conmigo, ahora que ya no está.” Dice M., de 23 años. Pero los duelos a los que refiere esta categoría no se limitan a la idea de muerte de un ser querido. Se extiende al fin de etapas, de ideales, de sueños. A toda aquella situación que implique un sentimiento de algo perdido en la persona. “Mi tatuaje marcó el final de una etapa,” dice ‘Sinkro’, “me hice un escorpión en el tobillo apenas salí de un estado de letargo y bajón que me duró de los 15 a los 18 años.”23
Los tatuajes, en conjunto con otras prácticas de modificación del cuerpo como el piercing, cumplirían un rol de pasaje, de fin y nuevo comienzo, el encuentro de la vida y la muerte en una ceremonia informal que encierra un deseo de perdurabilidad.
El tatuaje como muestra de rebeldía
J. de 21 años, dice: “Yo tengo un tribal de un tigre justo debajo de la nuca y reconozco que es doloroso pero vale la pena. Lo veo como una muestra de rebeldía en un mundo lleno de reglas y obligaciones sin sentido, sobre todo de los padres.”
El tatuaje suele estar asociado a la trasgresión, y muchas veces juega el papel de fuga de un sistema. Dicen Castrillón Simmonds y Velasco Cajiao: “El joven, al descubrir su propia valoración como persona humana, puede presentar, al tratar de afirmar su yo, diferentes formas de conducta entre las cuales la más importante es la rebeldía, que no es sino el afán de integrarse al mundo social de los adultos; por eso, una de las notas características de la adolescencia es indudablemente su tendencia a presentar conductas de oposición, frente a los valores tradicionales, sociales o familiares.”24
Contemplado como una respuesta a un sistema con el que no se está de acuerdo, el tatuaje es un arma que debe usarse en cierto fragmento de espacio – tiempo para que cumpla efectivamente su función. Hace unos años en una entrevista, dijo Mike Ness, músico de la banda Social Distortion: “Tengo un problema con mis tatuajes. La primera vez que me tatué fue para ser diferente y mostrar mi actitud antisocial. Pero en estos días los chicos se tatúan por moda. Ya no hay rebelión en tener un tatuaje. Es por eso que yo ahora me los cubro.”25 En culturas como la actual, ¿ser rebelde es entonces no llevar tatuajes?
El tatuaje de moda
“La verdad, no hay nada mejor que decorarse el cuerpo de la manera que a uno le guste, ya sea un tatuaje o un piercing o lo que se les ocurra” dice S., de 20 años. “Es un dibujito que hace más lindo mi cuerpo” define A., de 16, “una decoración”, agrega.
El tatuaje puede ser un accesorio más de la temporada. Y existen personas que lo adquieren como un adorno, sin ningún tipo de significación necesaria. Es sin duda este tipo de motivación la peor vista dentro de la comunidad - literalmente - ilustrada. Dice Claudio Momenti, tatuador en Lucky Seven: “(…) [el tatuaje] ya es algo masivo. Está muy marketinizado: las chicas se lo hacen porque sus amigas lo tienen. Yo me quiero matar cuando vienen sin saber qué hacerse y sólo porque es una moda… pero es mi laburo.”26
Sin embargo, la socióloga Alcira Argumedo plantea una interpretación social de esta situación: “Que los tatuajes sean una moda entre los jóvenes tiene que ver con la pertenencia. Esta tendencia viene a suplir la carencia de proyectos colectivos que los inserte en la sociedad.”27
Entonces ¿es realmente condenable? Considerado como una moda, el tatuaje es entonces una lógica social en la cual los contenidos no cumplen relevante papel. El diseño será considerado pertinente desde la temporalidad, ya que las modas permanecen por un tiempo limitado, y desde las relaciones persona a persona que establece el tatuado (la noción de buen gusto que su grupo de convivencia maneje). Sin embargo es pertinente resaltar que, quien se realiza un tatuaje por este tipo de motivación, está, en el mismo acto, subvirtiendo los códigos de la moda: al fijarla, la extermina, ya que imposibilita su transitoriedad y su capacidad de ser reemplazada.
El tatuaje “sentimental”
Dice L., tatuada desde los 15 años: “Tengo un sol que representa a una persona importante de mi vida, que es mi sol, es el centro de todo. Yo, si me tatúo, tiene que significar algo. Por ejemplo, mi próximo tatuaje pienso que va a ser cuando tenga un hijo.” N., de 22, tiene un ideograma japonés en su dedo anular: “Es la inicial del nombre de mi novio, él se hizo la mía. Por suerte duramos, porque nos lo hicimos a los dos meses de conocernos.” Llevan tres años juntos. C., de 23 años, tiene el rostro de su madre tatuado en el brazo. “¿Por qué? Porque es lo más grande que hay.”
Para este tipo de tatuajes, el tatuado elige algo del repertorio que le ofrece su propia existencia y opta por simbolizarlo (como el caso del sol) o reproducirlo de forma explícita (como los ejemplos de rostros, nombres).
El tatuaje como expresión del fanatismo
Dice P., de 33 años: “Tengo tatuado un símbolo que es un triángulo, un círculo y un palito en el medio, que parte al triángulo isósceles en dos triángulos rectángulos. Son las reliquias de la muerte, que están relacionadas con el último libro de Harry Potter.” Ante la pregunta de porqué eso, explica: “Hace muchos años que quería tatuarme y no encontraba un símbolo o algo con lo que esté cómoda, algo que me acompañe y tenga un significado para mí, durante toda mi vida. Porque va a quedar ahí, hasta seis meses después de morirme, va a seguir ahí…” En un futuro, planea tatuarse una reina de ajedrez, que es la imagen de la portada del último libro de la saga Crepúsculo. JP, de 23 años, tiene el dibujo de un crucificado que es la imagen de la tapa de un disco de la banda “La Renga”. “Me lo hice porque sigo a la banda y ese disco me pareció el mejor hasta ese entonces.”
Este tipo de tatuajes, como los de escudos de fútbol, nombres de bandas o las marcas de autos toman una posición frente a la oferta de la industria cultural. Tienen su significado más profundo dentro del ambiente de los pares: en el club de fans, en la cancha, en los recitales. Marcan una preferencia, eligen “un bando” dentro de una dicotomía a la que están expuestos. Ana María Fernández, psicóloga social, entiende que los grupos desarrollan una serie de figuras y formas – un imaginario grupal – para dar cuenta “de sus razones de ser como colectivo”.28 Un tatuaje se halla entonces dentro de estas referencias identificatorias que simbolizan la pertenencia a cierto fragmento de la sociedad, con su propias motivaciones, gustos y creencias; diferentes de las del resto de las personas.

Reflexión final
Remember you are unique…
just like everybody else.
29

“La globalización representa un territorio ventajoso, en tanto nos enfrenta a múltiples discursos que interpretan el mundo”30 dice Rossana Reguillo. Michel Maffesoli suma a esta caracterización una descripción un poco más compleja de la actualidad, la cual define como “socialidad”. En ella, la identidad de las personas se definirá por el papel que cumplen en los diferentes grupos que atraviesan, y será, en consecuencia, inestable. En esta situación el individuo es espectador y actor.31 Introduce entonces el autor el tema de las máscaras, definiéndolas como una coraza que protege una vida secreta y privada, y que sirve para integrar a la persona en el conjunto, favoreciendo la conservación del “uno mismo”. Esta máscara, ejemplifica, puede ser un estilo de cabello, una vestimenta particular, o un tatuaje.32 Continúa: “Cuanto más se avanza enmascarado tanto más se conforta el vínculo comunitario. (…) En un proceso circular, para poder reconocerse se necesita el símbolo – es decir, la duplicidad -, el cual engendra reconocimiento.”33 Vuelve a aparecer la doble función de la identidad que planeta Giménez: identifica hacia adentro y diferencia hacia fuera.
Siguiendo esta descripción del Posmodernismo, los tatuajes favorecerían la tensión de heterogeneidades, fortaleciendo al conjunto. A este respecto, se puede sumar la idea de García Canclini, que por su parte habla de la Posmodernidad no como un estilo, sino como “la copresencia tumultuosa de todos.”34
Ya no hay categorías claras para definir socialmente a una persona, como antes podían serlo su empleo o la educación que poseía. Y en términos de tatuajes, como ya se ha planteado, sólo en ciertos casos se puede dilucidar la significación de los diseños. No es restrictivo el origen, la religión, los estudios o la edad de la persona tatuada.
Dice García Canclini: “(…) los descoleccionamientos y las hibridaciones no permiten ya vincular rígidamente las clases sociales con los estratos culturales. (…) La tendencia prevaleciente es que todos los sectores mezclen en sus gustos objetos de procedencias antes separadas. (…) La reorganización de los escenarios culturales y los cruces constantes de las identidades exigen preguntarse de otro modo por los órdenes que sistematizan las relaciones materiales y simbólicas de los grupos.”35
Existen entonces infinitos repertorios culturales, entre los cuales encontramos la práctica de los tatuajes con su infinidad de interpretaciones. El individuo que lo elige, se apropia de una costumbre popular pero le da su significado personal. Pertenece al “grupo de los tatuados” pero con su propio y único tatuaje.
Llegando a los finales de esta investigación, quedan más interrogantes que aquellos que nos incitaron a comenzarla en un primer momento. ¿Por qué los individuos eligen el tatuaje como solución simbólica, teniendo tan variada oferta en los repertorios culturales? O, por ejemplo, todas las personas entrevistadas admitieron estar planeando un nuevo tatuaje. Dice G. de 37 años, “Una vez que te tatuaste, siempre querés tatuarte más. Es como que te pica un bichito.” ¿A qué responde este deseo? Por otro lado, también podríamos profundizar las categorías tomando como punto de análisis los diseños, los colores, los tamaños o las partes del cuerpo estampadas. Los enfoques para aproximarnos a este fenómeno se han multiplicado.
Quizás sería apropiado decir que hay tantas motivaciones y razones como tatuajes.
El tatuaje es un dibujo sobre la piel. Si bien hay diseños similares, no es algo que se puede reproducir fácilmente en el cuerpo de uno como en el de otro, y si agregamos a esto el ritual que encierra la práctica y la simbología que puede implicar, en una sociedad en donde todo, hasta el arte, está industrializado, en donde reina la cultura del fast food y todo es efímero... quizás, como los marineros del capitán Cook, lo que se busca es lograr un anclaje.

María del Mar Galant

NOTAS
1 Diccionario Enciclopédico NOVUS. Tomo 3.
2 Lamazares, Silvia: “Tatuajes: una marca eterna que ya trasciende edades y clases sociales”
3 Rincón, Omar: “Culturas mediáticas”. p.31.
4 Martín Barbero, Jesús: “La comunicación en las transformaciones del campo cultural”. pp. 61-62.
5 Giménez, Gilberto: “La cultura como identidad y la identidad como cultura”. Cap 2.
6 Íbíd. Cap. 1.
7 Íbíd. Cap. 5.
8 Giddens, Anthony: “La trayectoria del yo”. p. 128.
9 Ídem.
10 Íbíd., p. 129.
11 Giddens, Anthony: “Los contornos de la modernidad reciente”. p. 48.
12 Martín Barbero, Jesús: “La comunicación en las transformaciones del campo cultural”. p.65.
13 Reguillo, Rossana entrevistada por Analía Roffo: “En América Latina los jóvenes están viviendo en guetos”.
14 Raus, Diego, citado por Silvina Lamazares: “Tatuajes: una marca eterna que ya trasciende edades y clases sociales”
15 Giménez, Gilberto: “La cultura como identidad y la identidad como cultura”. Cap 2.
16 Giddens, Anthony: “La trayectoria del yo”. p. 131.
17 Rincón, Omar: “Culturas mediáticas”. p.32.
18 “Lissy”, citada por Diego Heller: “Marca Registrada”. p. 27.
19 Carlos, citado por E. Castrillón Simmonds y O. Velasco Cajiao: “El análisis de la percepción del cuerpo por los adolescentes en el mundo actual”.
20 García Canclini, Néstor: “Culturas híbridas, poderes oblicuos”. p. 276.
21 Reisfeld, Silvia entrevistada por Ana L. Perez: “No es sólo una cuestión de piel”
22 Ídem.
23 Citado por Diego Heller: “Marca Registrada”. p. 27.
24 Castrillón Simmonds y Velasco Cajiao: “El análisis de la percepción del cuerpo por los adolescentes en el mundo actual”.
25 Mike Ness, entrevistado para Rockabilly.
26 Citado por Diego Heller: “Marca Registrada”. p. 27.
27 Argumedo, Alcira, citada por Ulises Rodríguez: “Tatuajes: la moda que quedará para toda la vida en la piel”.
28 Fernandez, Ana María: “De lo imaginario social a lo imaginario grupal”. p. 81.
29 “Recuerda que eres único… como todos los demás”
30 Reguillo, Rossana entrevistada por Analía Roffo: “En América Latina los jóvenes están viviendo en guetos”.
31 Maffesoli, Michel: “El tribalismo”. p. 142.
32 Ibíd. p. 167-168.
33 Ibíd. p. 173.
34 García Canclini, Néstor: “Culturas híbridas, poderes oblicuos”. p. 299.
35 Ibíd. p. 281.

Bibliografía

- Castrillón Simmonds, Eulalia y Olga Velasco Cajiao: “El análisis de la percepción del cuerpo por los adolescentes en el mundo actual”. Facultad de Ciencias Naturales Exactas y de la Educación de la Universidad de Cauca, Colombia. 1999. Link: http://www.recreartedigital.ucauca.edu.co/analisis_de_la_percepcion.htm
- Fernandez, Ana María: “De lo imaginario social a lo imaginario grupal”, en Tiempo histórico y campo grupal. Masas, grupos e Instituciones. Nueva Visión, Buenos Aires. 1993.
- Galant, María del Mar: “El tatuaje: motivaciones y efectos de una marca permanente”. Investigación realizada en el marco de la asignatura Culturas Populares en la Universidad Nacional de Quilmes. Diciembre de 2006.
- García Canclini, Nestor: “Culturas híbridas, poderes oblicuos”, en Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo, Mexico. 1990.
- Giddens, Anthony: Modernidad e identidad del yo. Ediciones Península, Barcelona. 1997.
- Giménez, Gilberto: “La cultura como identidad y la identidad como cultura”. En el Tercer Encuentro Internacional de Promotores y Gestores Culturales, Guadalajara, 2005.
- Heller, Diego: “Marca registrada”, en Revista Viva Nº 1421. Diario Clarín, Buenos Aires. 27 de julio de 2003.
- Maffesoli, Michel: “El tribalismo”, en El tiempo de las tribus. El declive del individualismo en la sociedad de masas. Icaria, Barcelona. 1990.
- Martín Barbero, Jesús: “La comunicación en las transformaciones del campo cultural”. En Revista Alteridades (3) 5, 1993.
- NOVUS, Diccionario Enciclopédico. S/D. Tomo 3.
- Reguillo, Rossana entrevistada por Analía Roffo: “En América Latina los jóvenes están viviendo en guetos”. Diario Clarín, Buenos Aires. 8 de octubre de 2000.
- Reisfeld, Silvia entrevistada por Ana L. Perez: “No es sólo una cuestión de piel”, en Revista Viva Nº 1461, sección Pensamiento. Diario Clarín, Buenos Aires. 2 de mayo de 2004.
- Rincón, Omar: “Culturas mediáticas”. En Narrativas mediáticas o cómo se cuenta la sociedad del entretenimiento. Ed. Gedisa, Barcelona, 2006.
- Lamazares, Silvia: “Tatuajes: una marca eterna que ya trasciende edades y clases sociales”. Diario Clarín, Buenos Aires. 30 de marzo de 2003.
- Rodriguez, Ulises: “Tatuajes: la moda que quedará para toda la vida en la piel”. Diario Hoy, La Plata. 24 de enero de 2005.

Recursos Virtuales

Body Modifications Ezine (otoño 2008): http://www.bmezine.com/tattoo/bme-tatt.html
Tatuarte Estudios (diciembre 2006): http://www.tatuartestudios.com
Tatuajes Tribales (diciembre 2006): http://www.tatuajestribales.com
Tonatiuh Cuerpo Adornado (otoño 2008): http://www.cuerpoadornado.com
Rockabilly Central (otoño 2008): http://www.rockabilly.net/

2 comentarios:

Anonymous dijo...

Uf! Vaya entrada. La mejor de tu blog, en mi opinión. Larga, detallada y densa. Hasta traes a Mafesoli... No basta con una lectura. Tendré que volver a pasearme por ella con más calma.
Hoy venía en el coche y descubrí a los Intoxicados, que cantaban una increíble canción estoniana donde las haya -por acá los argentinos tenéis fama de ser muy rollingstonianos-. ¡Dios!, ¡qué canción, qué guitarrazos! Se titulaba "Cosas que no se pueden tocar", y tenía un eco de los cambios de ritmo de los Stones de los setentas, y de la cadencia de las cuerdas del por mí añorado Mick Taylor... Y luego me llego y me encuentro con esto. Enhorabuena, chica. Muy bueno. (Sólo hay algo que no entendí muy bien que estuviera en el párrafo que está, pero lo dejo para otro día, o ni eso).
Y gracias por la rapidez.
Un saludo desde el polo. MMR.

María del Mar dijo...

Hecho.

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