Los Nicks, Justins y demás heartrobbers del pop

Hoy entré en el supermercado donde me compro el yogurth que suele ser mi almuerzo en la oficina y escucho una canción pop en su -estimo- estribillo. Decía Baby baby baby ohh baby baby ohh y eso nada más. O sea, pop music en su máxima expresión de no-tengo-contenido-ni-valor-artístico-pero-no-vas-a-poder-dejar-de-escucharme-y-hasta-capaz-me-gano-un-Grammy. Y pensé, quién será esta chica? Porque no la tenía. Ya estoy vieja y no ando en la onda de las Mileys, Selenas y Demis de hoy, así que...
Pero tal como debe ser al llegar a casa tenía la necesidad física de conseguir esa cancion tan conmovedora de la cual sólo había oído Baby baby baby ohh. Bueno, resulta que no era una chica. Era un tal Justin Bieber. Y gracias al cielo que en la canción participa Ludacris para calmar mi orgullo musical -basado en mis propios criterios, obviamente.
Ooootro Justin porque no teníamos suficiente con Justin Timberlake. Y también tuvimos a un Nick Carter y tenemos a un Nick Jonas, no? Y así más nombres: Mark Owen, Joey McIntyre, Brian McFadden... En cada boyband está ese aniñado, casi siempre un poco afeminado, que se lleva la mayoría de los suspiros femeninos y de las estrofas de los singles.
Es necesario psicologicamente: las chicas descubren a los chicos pero también los peligros de involucrarse con uno de verdad. Así que, ¿qué hacemos? Mejor me obsesiono con uno perfecto al que le daría todo sin miedo pero... Oops! Vive a millones de kilómetros y sé que si me conociese se enamoraría de mí sin dudarlo pero... Cuernos, no me va a conocer nunca porque le paga a gente para que lo matengan seguro y a salvo de otras millones de chicas que creen exactamente lo mismo que yo. Resultado: experimentación del amor desde un lugar súper seguro y cómodo.
No descubrí América, es Psicología básica.
Los Justins y Nicks son necesarios para salvaguardar la sexualidad adolescente. Y ni voy a decir una palabra de los anillos de pureza de los Jonas.
*Cuento hasta diez. Suspiro*
Bueno, y el mercado nos insta a que estos nenes nos calienten gusten.
Ejemplo: Nick Carter, 15 años, "Quit Playin' Games (With My Heart)":
Resultado: millones de veinteañeras se sintieron pedófilas con razón. Nick se trauma y se queda sentado el resto del video. Años después, saldría con Paris Hilton.
Otro caso, Justin Timberlake. Voy a aceptar que hace buena música, pero es un quejica mal. Britney y Justin eran la pareja ideal, alimentando los cuentos de hadas de la era pop con su aspecto de Barbie y Ken de carne y hueso. Pero cuando esa relación se terminó y empujó a Britney a una derrapada monumental, convirtió a Justin en una quinceañera cualquiera que empezó a poner mensajitos despechados en todas sus canciones. Primer álbum, Justified (te mataste en el juego de palabras): tenemos "Last Night", "Still On My Brain", "Never Again" y por supuesto "Cry Me A River". Después en FuturSex-LoveSounds, encontramos "What Goes Around / Comes Around". O sea: move on, Justin! Ella ya tuvo dos maridos, dos hijos, no sé cuantas internaciones y corte de pelo, y vos seguís llorando con la guitarrita!
En un mundo de ladrones de corazones seguros para nuestras hijas e ideales para vender productos con su cara, el capitalismo nos llena las pantallas en todas sus expresiones de Nicks y Justins, carismáticos pre adolescentes en la delgada línea de la definición sexual y la explosión hormonal.
Algunas, como yo, preferimos a los bad-boys. Con sus rehabs, delitos y mal aspecto incluídos. Pero eso es para otra noche.

Para seguir escuchando:

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