Las cosas que me pasan a fin de año

Soy una persona de listas, incluso de las que agregan cosas que hice sólo para tacharlas y sentirme realizada. Así que, cuando llega fin de año me aparece una lista mental enorme y empiezo a buscar ítems para tachar... el problema es que nunca son muchos. Antes, a fin de año escribía literalmente la lista del año siguiente. Tanto me deprimía releerla el fin de año siguiente que suspendí la tradición. Pero bueno, a fin de año repaso objetivos y me enojo un poco conmigo misma.
Segunda cosa que experimento a fin de año es un odio indisimulable contra muchos personajes que venían cayéndome bien. Los cínicos, los creídos, los aprovechados, los ignorantes por elección y los negligentes suelen ser el blanco de mi intolerancia diciembrística.
También quiero juntarme con mucha gente que hace mil años no veo y de pronto no quiero terminar el año sin ver. ¿Qué diferencia hay entre verlos el 31 o el 1º? Ninguna, ¡pero necesito hacerlo en el año actual!
Relacionado con el tema de las listas, empiezo a hacer cosas que debería haber hecho durante el año con tanta energía y empeño que me creo que hasta capaz las termino este año. (Lo cual, no, nunca sucede)
También hago comparaciones. Qué cosa fea, pero no lo puedo evitar. Lo que comparo es la que era el año pasado a esta altura y la que soy. Siempre pierdo puntos de ingenuidad y gano puntos en cinismo :/ (Lo cual lleva a que no me tolere) También gano edad, que tristeza. Pero con eso viene experiencia y me da esperanza de vivir mejor el año que viene.

Y a fin de año vienen las fiestas, y el intercambio de buenos deseos porque termina este período cuasi arbitrario de días que consideramos significativo por alguna razón; y me alegra que se reúnan la familia y los amigos, sea física o sentimentalmente. Los seres queridos hacen que cada año valga la pena y que crezcan las ganas de aprovechar al máximo la vida que tenemos. Las reuniones de estas fechas me encantan.
Y particularmente, este año 2011 trajo muchas cosas complicadas y no puedo evitar tenerle fé al cambio de número en el almanaque, para que signifique más que un seguimiento de cuentas milenarias y traiga magia para todos.
PD: Para súper magia, hagan clic acá!

Rescatando al felino Salinger o cómo criar una gatita huérfana

El martes 25 de octubre parecía otro día fresco de primavera. Mi plan era trabajar, ir a Pilates y volver a casa a disfrutar el tiempo libre / comer / dormir. PERO NO.
A media mañana, inocentemente, una compañera me comenta que hace 8 días una gata parió en el techo del comedor de la Universidad donde trabajo (porque ¿dónde es más cómodo dar a luz que en un techo?) y luego abandonó a los gatitos. Los chicos del comedor habáin subido con dos escaleras y descubrieron un gatito muerto y otro vivo, que ahora estaba en una caja al ras del suelo.
Y lo tuve que ir a ver.
Y me lo tuve que traer.
No era nada lindo, estaba sucio, sólo había abierto un ojo, y tenía dos modos: gritar o dormir. Pero soy hija de mi madre, y en vez de ir a Pilates fui al Veterinario de Confianza.
Guillermo (el VdeC) le tomó la temperatura y el termómetro, literalmente, no cambió la pantalla de LOW que exhibe cuando no está en contacto con nada. Me dijo entonces que estaba súper hipotérmico, que tenía baja la glucosa, y que era un "cristal rajado": cualquier cosa lo iba a romper. Ah, también me dijo que parecía nena.
Me dio esta receta de sucédaneo de leche materna:

- 1 parte de leche
- 1 parte de crema de leche
- 1 parte de huevo (mezclado, no batido)
- mucha azúcar

Había que dárselo cada dos/tres horas y cuando le expliqué que al día siguiente iba a faltar unas nueve horas por el trabajo, me dijo "Pfff, si pasa esta noche se lo va a bancar". Por supuesto que no pegué un ojo.
Llegué a casa muy preocupada y francamente, así estuve las siguientes dos o tres semanas.
A la gatita hubo que:

- Hacerle una incubadora con estufas y calefactores (lo mejor son las almohadas térmicas pero no tenía).
- Darle con una jeringa y luego mamadera esa mezcla deliciosa cada vez que pedía (sólo me despertó de madrugada unas tres o cuatro noches). Tanto ella como yo olimos a eso durante toda la experiencia.
- Limpiarla con un algodón húmedo, como si fuese la lengua de la mamá, unas dos o tres veces por día.
- Secarla luego con secador para que no tome frío.
- Estimularla para que vaya al baño, con un algodón húmedo en la cola.

Así pasaron los días: la gatita fue saliendo adelante y yo dejé de salir a la calle. No dormía porque pensaba que en cuanto cierre los ojos la gatita se iba a morir, la escuchaba maullar en la oficina y en la primera semana bajé un kilo y medio.
Tengo que darle créditos a mi familia que me escuchó cada preocupación sin hacerme notar lo desquiciada que me iba poniendo. Decidí que nunca iba a tener hijos. Tuve las manos rasgadas todos los días que duró esta rutina, porque soy alérgica a la sustancia que tienen las uñas de los gatos, Salinger aparentemente se comunicaba con las uñas, y encima tenía que lavarme las manos muy seguido... Entonces recordé que las uñas de los bebés no causan esto y me amigué con la idea de una familia propia. Pero después la gata se pasó diez horas seguidas maullando unos "Piúuuuuuuuuu" que me acuchillaban el tímpano, y era porque estaba cortando dientes, y eso sí les pasa a los bebés (y durante más tiempo!). Así que el tema de procrear sigue en duda.
Por supuesto, la gata es era mi único tema de conversación.
Eso hasta el glorioso martes 15 de noviembre, ¡que comió sola!
Hoy Salinger ya es una gata que juega todo el día. Ahora tiene tres modos: dormir, comer y treparse a las piernas :/
Lo cierto es que si bien esto lo hice de pura ignorancia (no sabía en qué me metía)y en un principio me juré nunca volver a hacerlo, la gatita hubiese muerto si yo no la llevaba a casa. Como pasa con cientos de perros y gatos abandonados en todo el mundo. Por eso, acá viene la moraleja, hay que castrar a nuestros bichos para que otros bichitos no tengan un final no feliz. Por suerte este sí es (feliz) y yo me convertí en una madre primeriza. Pero mi bebé maúlla, es peludo y tiene cuatro patas :)
PD: Por otro lado, toda esta experiencia me enseñó que la mejor forma de adelgazar es adoptar un animal con riesgo de vida.