Tormento

Crecen en los quiebres.
Como las flores sedientas que se retuercen debajo del cemento hasta que encuentran una rajadura para escapar hacia el sol. Son un capullo oscuro que crece adentro tuyo, sale a la luz en cuanto una parte de vos se quiebra y florece, alimentado de tu sangre.
Todos tenemos una. O dos, o tres. A algunos ya es difícil reconocerlos de tanto que cargan encima, saliendo de sus entrañas, dejando la piel rasgada incapaz de cicatrizar, trepando por sus espaldas y doblándolas con su peso. Solo para quedarse ahí, para siempre.
Nos cambian. Nos condicionan. Filtran la vida, que ya no es clara ni pura.
Aún invisibles, nos manchan. 

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